V Centenario de la primera vuelta al mundo

En Barrio Alto contamos las historias de los habitantes del Casco Antiguo, de los que trabajan allí, los que viven su día a día recorriendo sus calles; hablamos de la vida presente en el barrio, pero, ¿y el pasado? ¿Qué ocurrió en esas calles? ¿en esos edificios?

Podemos empezar visitando uno de los edificios más emblemáticos del Casco Histórico: la Catedral. Un edificio construido en el Campo de San Juan que data del siglo XIII pero que fue destruida por los conflictos con Portugal, iniciándose en el siglo XV la reconstrucción del edificio que conocemos actualmente. La Catedral de Badajoz ha sido protagonista y testigo de innumerables hechos históricos, no solo a nivel local o nacional, sino universal.

Este año se celebra el V Centenario de la primera circunnavegación a la Tierra, la primera vuelta al mundo, organizada por Magallanes y culminada por Juan Sebastián Elcano. Y este es uno de esos hechos históricos que nuestro Casco Antiguo tiene el privilegio de presumir que fue testigo en  parte. Hablamos con Rocío Rollano, gerente del Museo Catedralicio de Badajoz, quien junto con sus compañeros y el director del Museo, Juan Román, son los encargados de narrar toda la historia que esconden las paredes de nuestra Catedral.

En nuestra visita Rocío nos dirige hasta la Sala Capitular, que data del siglo XVI, una sala noble en la que se reunía el cabildo y que fue testigo de una importante decisión para los reinos de Castilla y Portugal. La expedición de la primera vuelta al mundo fue entre 1519 y 1522. Juan Sebastián Elcano, quien terminó esa vuelta al mundo, en 1524 con toda probabilidad estuvo en esa Sala Capitular. Rocío Rollano nos cuenta que “realmente el objetivo no era la vuelta al mundo sino buscar las Molucas, las islas de las especias; especias como el clavo, la nuez moscada…El clavo es una de las especias que únicamente se producía en las Molucas, isla de las especias que está en las islas de Indonesia. Lo que querían tanto los castellanos como los portugueses era tener la producción directa de esas especias para comercializar con ellas, ya que habían subido mucho de precio debido a los intermediarios. Castilla y Portugal querían esas islas, y cuando ya las habían descubierto se planteó el dilema de a quién le correspondía su explotación ¿a Castilla o a Portugal? Geográficamente cuando se hizo la división del mundo en 1494 en el Tratado de Tordesillas, realmente no se sabía a qué espacio correspondían las islas Molucas. Carlos V, emperador de Castilla, se reunió con el rey de Portugal y decidieron que tenían que hacer una reunión para decidir a quién le correspondían las islas. Concluyeron que la reunión no debía celebrarse ni en Castilla ni en Portugal, sino en una zona fronteriza, y esa zona era Badajoz-Elvas. A a esas reuniones debían asistir personas con mucho peso, grandes navegantes, grandes abogados, escribanos, cosmógrafos de cada uno de los reinos, tres representantes de cada de una de esas especialidades. A Badajoz vinieron Juan Sebastián Elcano, que había dado la primera vuelta al mundo, y, entre otros, el hijo de Cristóbal Colón, Hernando Colón. Como esas reuniones tenían que hacerse entre Badajoz y Elvas, unas se hicieron en río Caya, otras en Elvas, otras en las Casas Consistoriales de la Plaza Alta y otras en la sala capitular del siglo XVI de la Catedral de Badajoz”. Un hecho importante que convierte a nuestro Casco Antiguo, tanto por las reuniones celebradas en las Casas Consistoriales como por las celebradas en la Catedral, en un espacio histórico a nivel mundial.

Pero el museo de la Catedral, además de exponer grandes obras pictóricas de artistas de la talla de Morales o El Greco, esconde otras piezas históricas como el libro coral donado por el que fuera obispo de Badajoz, Juan Rodríguez de Fonseca. “ Si te pones delante del libro coral puedes ver el escudo de los Reyes Católicos porque Juan Rodríguez de Fonseca, aunque no vino a la diócesis nunca, estuvo muy preocupado porque esa diócesis tuviese los elementos litúrgicos necesarios para una buena eucaristía, y consideraba que los libros corales eran un buen instrumento, ya que una manera de llegar a Dios era el rezo a través del canto. Esos libros corales, que utilizaban los canónigos para rezar y para cantar, los trajeron de Sevilla en 1499, y los regaló Juan Rodríguez de Fonseca que, además de ser quien preparó el segundo viaje de Cristóbal Colón a América, era el confesor de la Reina Isabel, por ese motivo está el escudo de los Reyes Católicos en ese libro”.

No podíamos captar en un solo encuentro todos los acontecimientos históricos que ocurrieron entre esas paredes; pero sí que podíamos aportar nuestro granito de arena en la celebración de ese V Centenario de la primera vuelta al mundo terminando, además, con una anécdota sorprendentemente recogida en el Archivo de Indias: “Estaban en Badajoz reunidos los representantes de Portugal y Castilla; después de toda una mañana en la que no eran capaces de decidir a qué espacio geográfico pertenecían las Molucas, decidieron salir a tomar el aire a la vera del río Guadiana. Allí se encontraron a una madre y a su hijo lavando la ropa. El hijo estaba jugando y al ver a dos personas muy bien vestidas y les dijo: ¿Vosotros sois los que estáis repartiendo el mundo con el emperador Carlos V?” Le dijeron, “pues sí hijo, pero no somos capaces de llegar a un acuerdo”, y les dijo: “Pues yo tengo la solución, os voy a decir dónde vais a poner la raya del mundo”, se bajó el pantalón y les dijo: “Esta es la raya del mundo”.

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