En memoria de Toto Estirado

Sabemos que en el Casco Antiguo podemos encontrar algunos de los mejores restaurantes, bares de copas, comercios que no hallarás en otras zonas de la ciudad, locales con personalidad y encanto, un gran conservatorio de música, la mejor escuela para aprender idiomas y la mejor para estudiar arte, edificios emblemáticos, grandes salas de exposiciones, museos y espacios culturales. Y ¿qué decir de sus gentes? Gente que nació allí, gente que trabaja allí, gente que se acaba de mudar, gente rica, gente humilde y…los olvidados. Sí, los olvidados, o invisibles, también eligen el Casco Antiguo para “vivir”, o más bien eligen sus calles; estas personas que a veces no ves, aunque los tengas delante, cuando visitas la plaza de la Soledad o cuando vas a sacar dinero a la Caixa de la calle Obispo San Juan de Rivera.

Pero algunos no son tan invisibles, algunos se hacen notar aunque no sea su intención; escuchamos sus voces, que no llaman a nadie, como predicadores en un desierto, o los conocemos por su forma de actuar, su aspecto característico. Cualquier pacense podría hablar sobre estos personajes “famosos” del Casco Antiguo, pero ninguno los conocemos realmente.

Ese era el caso de José Antonio Estirado Cruz, ¿quién?, Toto Estirado. Un hombre que era conocido por todos en la ciudad por pasear por nuestro Casco Antiguo con pinceles y soportes para crear sus cuadros, que, por cierto, vendía por menos de veinte duros o un bocadillo para comer ese día. Toto Estirado nació en Usagre en 1939 y falleció en Badajoz en 1994; han pasado casi treinta años desde su muerte y, por ese motivo, muchos no lo conocimos, pero si estamos hablando de él en este blog es porque su huella sigue bastante presente a día de hoy. La concepción general que se tenía sobre este personaje en su tiempo dista mucho de la actual; lo bohemio por aquel entonces no resultaba nada atractivo, y él lo era, así lo describen en los muchos artículos y textos que podamos leer sobre Toto Estirado, un artista que la ciudad que lo vio morir quizás no se merecía albergar. Dicen que era un adelantado a su tiempo, pero Julián Mesa, editor de arte, comisario y coleccionista, dice que “Toto Estirado vivió su tiempo, vivió y se bebió la vida”. “Una persona que vivía su vida de la forma que decidió vivir, con una sensibilidad distinta a los demás”. “Dentro de sus inquietudes vivió una vida intensa; a través de la pintura llegaba a sacar todo eso que llevaba dentro. Ya sabemos que tuvo un problema de drogadicción y pintaba también desde esa precariedad, pinturas para poder vender y costearse sus vicios. Se supo rodear de gente de su misma cultura o parecer”.

Manuel Sordo Vicente, hijo de Manuel Sordo Osuna, dueño de la Sala Acuarela y amigo cercano de Toto, escribió un libro sobre este personaje en el que recoge notas de su puño y letra y escritos que aquellos que lo conocieron, de verdad, redactaron sobre él. En este libro encontramos comentarios sobre lo que se sabe de su familia, su faceta torera, de la que se cuentan todo tipo de anécdotas, como cuando su padre le dio dinero para estudiar Derecho en Valencia y él lo empleó en alquilar una plaza de toros portátil con el fin de triunfar bajo el apodo “El terremoto de Usagre”. También podemos leer sobre cómo le afectó la muerte de su padre, sus inicios en la sociedad bohemia, sus experiencias químicas, problemas de salud, sus idas y venidas; pues Toto vivió en diferentes zonas de nuestro Casco Antiguo en cortos periodos de tiempo, pasando por la calle San Lorenzo, calle Benegas, Santo Domingo, Donoso Cortés, Arco Agüero, de Gabriel…Todo un recorrido por algunas de las calles más emblemáticas del barrio. Se podía decir que lo conocía bien. Este libro es toda una joya sobre la vida de Toto Estirado, comienzas a leer sus primeras páginas y no puedes evitar seguir avanzando descubriendo todo un universo en torno al personaje. En Badajoz próximamente, de la mano de Fundación CB, tendremos la oportunidad de acudir a su presentación y disfrutar de sus páginas e imágenes, en las que podemos ver bocetos, cuadros, fotografías de distintas etapas del artista, notas que solía escribir en los libros que leía, anécdotas y frases que te hacen reflexionar sobre diferentes aspectos de la vida, todo un filósofo. Pero el artista brillaba entonces por ser un incomprendido, una lástima, han sido tantos los olvidados que han estado en su misma situación. Pero Julián Mesa dice que “nadie lo descubrió, se convirtió en un personaje en Badajoz, frecuentaba bares, vendía, hablaba, su calle era su territorio. Él ya era Toto Estirado, ya venía con un bagaje de Sevilla”. Un bagaje que tampoco era entonces excesivo, más bien discreto. Muchos nos preguntamos cómo acabaron algunas de sus obras en el Museo Reina Sofía, a lo que Julián Mesa ha sabido respondernos: “ A día de hoy su obra es muy amplia y dispar, hay unas obras que acabaron en el Reina Sofía porque hicieron una exposición en la que pretendía tener representaciones de corrientes pictóricas y culturales de España, una de ellas del movimiento esquizofroide underground de la Sevilla de los años 70 u 80; una generación que se dio en Sevilla y se resistía a todo aquello que estaba dentro de la normalidad, negaban todo lo que tuviese que ver con los circuitos artísticos y comerciales, lo veían desde una configuración poética y humanística. Compraron ocho dibujos suyos de la época sevillana. Es difícil encontrar obras de aquella época, existen más obras que hacía a la hora de conseguir ingresos fáciles, otro tipo de pinturas que hacía sobre tablex o papel, tiene poca obra en lienzo, una obra muy naturalista, muy fuerte, primaria, expresaba sus amores por el Guadiana, esas influencias de Godofredo Ortega Muñoz…A día de hoy hay obras que sí pueden valer dinero, pero otras que nacen de esa necesidad de comer”.

Nos cuenta Manolo Sordo en el libro una bonita anécdota de su concepto de arte que queremos destacar, realmente son muchas las que querríamos destacar, pero preferimos que leáis el libro. Cuenta cómo una señora entra en la Sala Acuarela estando Toto sentado leyendo, como habitualmente hacía, y comenta, sin saber que el artista se encontraba presente, que esos cuadros podría pintarlos su hijo pequeño, a lo que Toto sin poder evitarlo le pregunta si ella conoce el canto de los pájaros, la señora por supuesto dice que sí, pero insiste y le pregunta si entiende lo que cantan, a lo que ella responde que no, Toto termina la conversación diciendo: “Pues con el arte ocurre lo mismo”.

Si queréis saber más tendréis que leer el libro, que, como decía Toto Estirado, es ¡Gloria bendita!

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Manuel Sordo Osuna. dice:

    Esplendido el comentario ,enhorabuena El TOTO su vida y su OBRA bien merecido se lo tienen es un gran honor haber compartido sus andanzas y vivencias por el CASCO ANTIGUO,recordarlo y tenerlo presente es una satisfaccion su obra perdurara en el tiempo y el espacio,a los que no creyeron en EL lo sentimos ,fue un ARTISTA ,FILOSOFO y POETA CONFUSO,treinta años despues se le hace justicia,que asi sea.

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