“Cada Punto de Vista” – Valeriano y Jesús, propietarios de “La Mamarracha Vintage”

“Lo mejor, sin duda es la mezcla de culturas que hace del Casco Antiguo un sitio maravilloso. La convivencia lo convierte en un barrio alternativo en el que hay comunidad entre vecinos y se crea un ambiente espléndido. Prueba de ello, nosotros mismos y nuestros comienzos. Margo y Mai, las propietarias de “Dulce Locura”, que son auténticas embajadoras del Casco, nos han ayudado mucho. Desde encontrar local, cuando aún no lo teníamos, hasta en ofrecernos perchas por si las necesitábamos, una vez instalados”.

Igual que sacamos a pasear la nostalgia cuando abrimos ese álbum de fotos de hace años y son los ojos los que nos guían en nuestro recuerdo, al ver la cara de felicidad del abuelo en aquel cumpleaños, o contemplar la dulzura en el rostro de un bebé que hoy tiene ya hasta novia, o el famoso vestido que llevaba la tita, que parecía precioso y ahora nos resulta solo entrañable, pero super feo. Pues bien, hoy serán los oídos quienes me hagan recordar vivencias de hace años porque  dónde voy, hay cientos de fotos, personajes y atuendos “vintage”, pero también sonidos. Me doy cuenta nada más llegar y a buen seguro, ni Jesús ni Valeriano se habían percatado hasta que no se lo he mostrado yo. Ambos son propietarios de “La Mamarracha Vintage” desde hace algún tiempo que comenzaron a vender online, pero se han tirado a la piscina, así, sin las tres horas de digestión ni nada, como nos hacían cumplir en aquellos años y han abierto local en la mismísima plaza de la Soledad, lugar al que llego sin problemas por las referencias que me da previamente, esta simpática y empática pareja que ha decidido quedarse a vivir en el pasado y llevarnos a más de uno. Desde luego, conmigo lo han conseguido aunque no todo el mérito es suyo porque, como a ellos, me encanta anclarme en “aquellos maravillosos años”. Un placer dejarme llevar por sus minuciosas descripciones de las fotografías de personajes como Madonna, Michael Jaxon, Lady Di, las Space Girls o Will Smith,  entre muchos otros que me han acompañado en mi niñez y también de objetos; aquellas televisiones por las que salía Fofito y su “Susanita tiene un ratón”, que me hacía tan feliz o los espejos redondos como el del tocador de mi abuela. Pero el rey de la tienda y de mi casa en aquel entonces, estaba allí esperándome, sobre la mesa y casi lloro de emoción cuando lo toqué: era un teléfono rojo, con su cable de rizos y su rueda de agujeros. Recordé perfectamente su timbre y cómo me emocionaba descolgarlo a mí, que mis abuelos me dejaban siempre hacerlo porque me volvía loca cada vez que había una llamada y volaba al teléfono. Raro en mí, les dije mientras les contaba, porque no hablo nada. Tras las risas y totalmente teletransportados a aquella época, comenzamos nuestra charla como siempre, con esa foto sonora en la que ambos, aseguran ser un poco todo: “somos fundadores, creadores, diseñadores, en fin, somos el todo de la Mamarracha Vintage”. “Somos pareja, residimos aquí en el Casco Antiguo y yo, Jesús soy de Huelva y Valeriano, de Badajoz,  concretamente, de Corte de Peleas. Nos conocimos hace unos cinco años y teníamos claro que algo de esto surgiría porque somos unos enamorados del Vintage. Nos gusta la decoración, la ropa, las costumbres y todo. Hemos viajado mucho a lugares como Edimburgo o Copenhague y siempre traíamos las maletas cargadas con ropa y cosas de la época. De hecho vestimos siempre así. Hoy mi compañero Valeriano lleva una cazadora vaquera con cuello de pana y yo un pantalón a cuadros, una chupa de cuero y un jersey amarillo”. Te falta el Ford Fiesta blanco, le digo y reímos. La verdad es que me llama la atención cómo dos chavales que nacieron en los noventa, pueden identificarse y sentirse a gusto en unos años que ni tan si quiera han conocido de manera real. Pero lo tienen muy claro. Jesús afirma enseguida que “aún así es un tiempo que nos atrae plenamente y no solo los noventa, sino las décadas anteriores desde los sesenta y setenta en adelante. Aquellos años tienen algo especial que nos ha cautivado y sin duda, nuestros referentes en la moda pertenecen a esos momentos”. Jesús asegura que, sin embargo, aún existe mucho prejuicio a la hora de adquirir y vestir con esa ropa. “Quienes más se atreven, son los jóvenes porque, entre otras cosas, están más concienciados con la sostenibilidad y el medioambiente. Hay que tener en cuenta que se trata de ropa de segunda mano. Lo bueno es que este estilo está de moda y son muchos los influencer  que visten así en sus videos y fotos y muchas empresas están también muy a la orden del día y producen un tipo de prendas con ese toque retro”.

Esos momentos y aquellos tiempos son los que les han conducido hasta vivir y trabajar en el Casco, supongo. Valeriano me aclara que viven cerca de la tienda, en la calle Vicente Barrantes y “lo teníamos clarísimo. Tanto lo de vivir como lo de situar nuestra tienda física aquí, porque este es el corazón del corazón de la ciudad”. “Además”, apostilla Jesús, “también pensamos que el Casco Antiguo se encuentra bastante dejado y deteriorado en algunos aspectos y necesita que se traiga color, vida y reivindicación”. Para Valeriano, “el Casco necesita que se le dé vida, hay que apostar por él, es el alma de la ciudad y hay que otorgarle su lugar”.

Les pido que reflexionen sobre los aspectos negativos y los positivos del Barrio Alto y me dicen que “sin duda, lo peor es el deterioro y el abandono de muchas zonas. Creemos que se debería fomentar mucho más el turismo o cuidar  la propia estética de los edificios. La gente, cuando viene de fuera, nos dice que da pena ver como se encuentran muchas calles”.

Para quedarnos con buen sabor de boca, hablemos de lo positivo antes de concluir. “Vivimos en un lugar emblemático lleno de historia: desde la Plaza Alta, la Alcazaba o Puerta Palma. De hecho, nos encontramos rodeados por la Giralda, la Catedral y otros muchos edificios y rincones preciosos y significativos. Pero lo mejor, sin duda es la mezcla de culturas que hace del Casco Antiguo un sitio maravilloso. La convivencia lo convierte en un barrio alternativo en el que existe comunidad entre vecinos y se crea un ambiente espléndido. Prueba de ello, nosotros mismos y nuestros comienzos. Margo y Mai, las propietarias de “Dulce Locura”, que son auténticas embajadoras del Casco, nos han ayudado mucho. Desde a encontrar local, cuando aún no lo teníamos, hasta en ofrecernos perchas por si las necesitábamos, una vez instalados. Son maravillosas y un ejemplo de tantos, del tipo de personas y de calidad humana que hemos encontrado en este lugar tan mágico”.

 

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