“Cada Punto de Vista” – Rocío Rollano, historiadora y gerente del Museo Catedralicio

“Desde siempre este museo se concibió como un museo para todos y a nivel estructural se diseñó a conciencia. Pero se planteó en un momento en el que, por suerte, entran en el proyecto Fundación CB e Ibercaja y gracias a ellas, se puede ir más allá. Se ha conseguido un “Museo Para Todos” real y que no solo se queda en subsanar necesidades de barreras para personas con discapacidad, sino además, se consolida para el desarrollo intelectual y social de las personas”.

Llueve copiosamente mientras camino por la calle Obispo hacia la Catedral y debo llevar cuidado y precaución porque, en días como este, el suelo brilla a causa de estar tan mojado y aunque el calzado que llevo no resbala, mi poca vista se confunde entre verdaderos obstáculos y objetos que aparecen en las losas pero reflejados como en un espejo. A veces me siento ridícula, apartándome de uno de estos reflejos, cuando piso y compruebo que es llano y que no hay nada acabo pensando en que si alguien viene detrás de mi en ese momento, ¿qué pensará?. Sin embargo, una ya vive acostumbrada a estas historias y forman parte de mi día a día, hoy lluvioso y en el que voy buscando a otra mujer de rojo, como yo, que visto una gabardina del mismo color que la de mi invitada. Ambas hemos bromeado por teléfono sobre la situación y no nos conocemos personalmente. Yo le he advertido que la espero justo delante de la puerta principal de la Catedral y ella viene a recibirme, amable y dicharachera. Lo primero que percibo de Rocío Rollano es la enorme pasión que tiene por lo que hace; vive, siente y transmite su labor en el museo como un auténtico regalo de la vida y eso que sólo  llevamos caminando juntas unos metros y yo ya lo tengo claro del todo.  Con ella trae una carpeta y dentro de una bolsa, dos piezas muy especiales que me explicará después y que las ha cogido expresamente para que yo pueda tocarlas. Recuerdo en ese momento un cartel que pude leer en Braille, hace muchos años, en una exposición que la ONCE trajo a Mérida, que rezaba: “se ruega tocar”. Aquel contundente mensaje me impactó para bien y me hizo pensar que aquel, sí era mi mundo; un mundo en el que los museos, las esculturas que contenían en su interior y todo en general, era accesible. Y hacia ese camino siento que se está avanzando hoy, aunque aún quede trecho por recorrer.

Mañana pasada por agua, de esas en las que me gusta escuchar la melodía que me ofrece la lluvia tras los cristales, cuando fuera todo se empapa y una está resguardada en algún lugar, sintiéndose protegida, cómoda e incluso, como yo en estos momentos, afortunada y privilegiada. Suena algo de eco en la sala en la que nos encontramos Rocío y yo. Ambas, sentadas en un banco de madera, en el que, al pensar en que llueve fuera y nos encontramos en aquel lugar tan especial rodeadas de arte, me invade un sentimiento precioso. Sin más, le pido a la propia Rocío que nos describa dónde estamos. “Pues envueltas en arte. En la sala número siete que es la de Luis de Morales y el Greco. Es espectacular, con los dos artistas del Manierismo como grandes exponentes. Aquí, podemos contemplar cinco obras de Luis de Morales y una del Greco”.

 Antes de pedirle la tradicional foto sonora, el autorretrato que Rocío Rollano debe hacerse a sí misma, no puedo evitar pensar, una vez más en los museos accesibles, los museos para todos y de ese proyecto que se presentó hace algún tiempo, anoto en mi particular agenda de la cabeza, que hablaremos también.

Pero antes, ¿quién es Rocío Rollano?. “Soy una mujer muy normal, una persona muy simple. , nací en Cáceres, llevo quince años viviendo en Badajoz debido a circunstancias profesionales de mi marido y ahora, afortunadamente, puedo desarrollar lo que más me gusta: mi carrera de Historiadora y a la vez, gestionar este museo que es maravilloso. De echo, cuenta con un equipo humano extraordinario a cuya cabeza está Juan Román y además, mis  compañeros, Jesús Jiménez y Carmen Gutiérrez. También el Deán, el cabildo, el fabriquero o todos los canónigos que han confiado y confían en nosotros permitiendo el desarrollo de este museo en la Catedral de Badajoz. Estoy enormemente agradecida por todo el trabajo que hago. Para una historiadora esto es un lujo. Cuando estás estudiando la carrera, siempre deseas algo así; tocar la piedra, sentir la historia, , etc y me encuentro en pleno Casco Antiguo y en uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. No puedo pedir más”.

Rocío y su pasión en cada palabra, por todo lo que cuenta, me llevan a sus inicios en el Museo Catedralicio. Me cuenta cómo empezó todo. “Yo conocía a Juan Román cuando le nombraron director de este museo. Me pidió que le echara una mano, puesto que sabía que yo era historiadora. Había muchas piezas que catalogar y mucho trabajo que hacer al principio, cuando el museo aún estaba cerrado. Posteriormente hubo que reorganizar todo y antes de su apertura, me propuso quedarme como historiadora y gerente. Lo consideraron así y estoy super agradecida”.

Hagamos una visita, le propongo a Rocío, desde allí, sentadas, sin movernos, para que destaque zonas, artistas o las propias obras que se pueden ver en el Museo Catedralicio. “El museo está ubicado en lo que eran los antiguos graneros. Contiene un total de doce salas en las que hay maravillas. Cada sala cuenta una historia y al final, no solo conoces el edificio, sino la ciudad entera y no solo desde un punto de vista religioso, sino mucho más amplio porque contempla muchos aspectos importantísimos relativos a la historia y la cultura. Por ejemplo aprendes que Badajoz fue una ciudad de fundación musulmana porque en la sala cinco tenemos un alfar islámico o contamos con piezas del Cuatrochento, del Renacimiento Italiano que se pueden ver aquí, en Badajoz, en nuestra ciudad,  sin tener que ir a Italia: contamos con la Madonnna de Setiniano o una Lauda Sepulcral, entre otras piezas. Piezas de manierismo, como hemos dicho al principio, de Luis de Morales o también obras de otros estilos como barroco, o los maravillosos tapices belgas del siglo XVI,  etc. Es difícil resumirlo porque se pueden ver muchísimas cosas”.

Se trata además, de un museo inclusivo y Rocío, tampoco lo quiere olvidar y lo remarca. “Contamos con salva-escaleras y rampas para las personas con movilidad reducida y también con una serie de réplicas de figuras que se han fabricado siguiendo los parámetros que dictamina la ONCE. Siempre este museo se concibió como un museo para todos y a nivel estructural se diseñó a conciencia. Pero se planteó en un momento en el que, por suerte, entran en el proyecto Fundación CB e Ibercaja y gracias a ellas, se puede ir más allá. Se ha conseguido un “Museo Para Todos” real y que no solo se queda en subsanar necesidades de barreras para personas con discapacidad, sino además, se consolida para el desarrollo intelectual y social de las personas. Por ejemplo aquellos colectivos vulnerables que ahora, pueden disfrutar de este museo. En este proyecto entran entidades y asociaciones con las que ya estamos estableciendo contactos, como por ejemplo la Asociación Oncológica, Aprosuba, Apnaba o Aspaceba, entre muchas otras. De hecho hace unos minutos, y tú has sido testigo de esa llamada, me han telefoneado del Centro Hermano de Cáritas para concretar una visita y me he puesto muy contenta. Hacemos visitas muy personales y atajamos las necesidades de cada colectivo teniendo en cuenta todos los aspectos que están en nuestra mano. Cuanto tiempo, cómo es el grupo, el recorrido, etc. Ayer nos visitó una asociación de mujeres que pidieron también hacer ruta por el exterior y así se hizo. Aquí se hace todo casi a la carta”.

Nos encontramos en el corazón  del corazón de Badajoz y quiero abordar, antes de marcharme, aspectos de nuestro Barrio Alto con Rocío Rollano, para saber cuál es ese punto de vista de una historiadora que un día llega a vivir a Badajoz y que ahora está tan presente e implicada aquí. ¿Cómo verá Rocío el Casco, tanto como ciudadana pacense, como desde el prisma de historiadora?. “Cuando llegué a vivir aquí, me daba incluso un poco de miedo que mi hijo se moviera por aquí solo. Lo traía al conservatorio y me encontraba calles vacías y descuidadas y ahora creo que todo ha cambiado a mejor, aunque aún falta bastante por hacer, sobre todo en tareas de limpieza. Eso sí, cuando los turistas vienen a ver el museo a Badajoz, siempre hacen  un mismo comentario, una y mil veces: “nos habían dicho que no viniésemos a Badajoz, que no había nada y estamos alucinando, no solo con este museo sino con el Casco Antiguo y su Alcazaba que es espectacular, no nos podemos creer lo que hay

 

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