“Cada Punto de Vista” – Paco Medrano, Droguería «El Globo»

“En septiembre se cayó la pared de la parte izquierda del local. Nos dimos un susto tremendo. Recuerdo que llegué, como siempre, a abrir y cuando quise entrar por la tarde, levanté la persiana y me encontré todo caído. No podía pasar a la tienda. Para mí fue un choque emocional, no sabía ni lo que hacer, fue terrible. Al venir por la calle San Juan una vecina me dijo que sobre las cuatro de aquella tarde, se había escuchado un tremendo golpe en la tienda y había salido muchísimo polvo. No me lo imaginaba y fue tremendo. Todo mi negocio destruido y roto. Desde el día 9 de septiembre hasta hace tan solo unos días he estado sin parar con la obra y el mostrador sano y salvo”.

En esta ocasión camino hacia rumbo seguro aunque no tengo del todo claro dónde exactamente, se encuentra la puerta de una de las tiendas más emblemáticas del Barrio Alto, pero lo que si sé, es que ya no encontraré obras a mi paso porque, desde hace días, me han comentado que la Droguería “El Globo” ya está abierta y funcionando. Han pasado meses en los que daba la vuelta, pedía ayuda o simplemente evitaba transitar por allí. Desde que se cayó una de las paredes del local, la zona ha estado llena de escombros y máquinas de obras, así que más valía prevenir. En ocasiones, cuando se trata de obras y se camina en mis circunstancias, lo mejor directamente, si no vas acompañada, es optar por otra calle; sí, porque aunque exista sitio para pasar, personalmente, cuando oigo un gran ruido o golpes, o a los operarios de un lado al otro, prefiero no andar por la zona, por miedo a pisar un cable, tropezar con ripio o cosas así. Alguna vez, cuando no hay otra alternativa, directamente, lo que hago es parar en seco y pedir ayuda a los propios encargados de la obra que me sacan del lío sin problemas. Nada mejor que concienciar con el testimonio vivo y explicando la situación. Este no es ya el caso y me encanta la sensación de poder andar calle abajo sin tropezarme y con todo ya limpio. Titubeo un poco y voy metiendo literalmente la cabeza en las puertas, hasta que doy con “El Globo” donde, justo la semana anterior, había estado con Marisol Torres, tras nuestra charla. Por eso, aunque allí pareció no haber nadie, estaba segurísima de que me encontraba en el sitio adecuado. Empecé a llamar a Paco, como se llama a la gente en el Casco. Es decir con un tono alto y enseguida, a la tercera vez que pronuncié su nombre, ya escuché movimiento en la trastienda y su amable voz me decía: “un momentito. Ya voy”.

Durante los pocos minutos que estuve esperando no pude evitar pasar las manos por el mostrador de madera porque, en su parte frontal, me llamaron la atención unos labrados que, desde luego, lo convertían en una pieza original, por lo menos. De nuevo me acordé de nuestro peor enemigo y de que aún pulula por todos lados y no nos permite utilizar el  sentido que nos sirve a los ciegos para reconocer nuestro entorno: el COVID no nos permite utilizar el tacto. Saqué mi gel hidroalcohólico del bolso y rocié mis manos con el líquido, al tiempo que ya escuchaba los pasos de Paco que se acercaba. Se acordaba de mí, del día que estuve acompañando a Marisol Torres y de la vez que nos encontramos por la calle y él mismo me emplazó a que terminase la obra y pasase el gran susto para hacer nuestra entrevista. Año nuevo, vida nueva para este local que renace de sus cenizas, pensé yo.

Así, como si fuese una clienta más tras aquel mostrador que se me presentó como una reliquia ante mis manos, le pedí a Paco la foto sonora, para empezar. “Soy Francisco Medrano, aunque todo el mundo me conoce como Paco, del “”Globo”. Lo primero que tengo que decir es que no me creo estar aquí, tras todo lo que nos ha sucedido. Mi lema siempre es el de ir hacia adelante y en eso estoy. Comencé aquí porque este negocio lo llevó mi padre y antes que él, la familia de farmacéuticos Morgado. Mi vida va en paralelo a este local. Nací en Badajoz y me quedé con la droguería en el año 2000 porque ya estaba trabajando en la tienda y sabía perfectamente como funcionaba. Lo hice sobre todo por ilusión y aún me dura. Esta es una de las tiendas emblemáticas de Badajoz como pueden ser otras; por ejemplo, la Cubana, las Tres Campanas o la Giralda entre muchas otras. Tenía solera, la verdad”.

Conforme Paco Medrano va contándome, me doy cuenta de que estoy en un lugar que es un tesoro, una reliquia. Pero a la vez, un gato panza arriba que se resiste a no pelear. Sus productos, muchos de ellos expuestos en vitrinas de cristal y bordes de madera, me introducen en un metafórico túnel del tiempo. “Aquí encontramos piezas y productos que no venden en otros sitios, efectivamente. La colonia Varón Dandi o la Brumer . O en Perfumes de señora  los de antes: Farala Don Algodón o  Azur de Puich, etc. La gente las compra. Aquí vienen chicas jóvenes a las que se lo cuentan sus abuelas y les gusta llevarse estos botes que son un símbolo. Agua Brava, Pachá, Chispas, etc. Muchas y todas se venden. Además ahora está de moda la Loción de Quina con Romero, para una limpieza capilar que hace fortalecer y crecer el pelo y la vendemos en una botella de cristal y gusta mucho. Vendo también las navajas corta pelo de los barberos y peluqueros de toda la vida, los lápices cortasangre o quita cutículas, , entre otros utensilios curiosos, tanto para uso doméstico, como para los profesionales”.

Una abuela acompañada de su nieto, entra entonces para adquirir unas tijeras pequeñas de las que se llevan en el bolso para emergencias y Paco ofrece al pequeño unas fichas para montar en las atracciones que están cerca, durante estos días de Navidad. Mientras Paco atiende, aprovecho para volver a “mirar” con las yemas de mis dedos el curioso mostrador y sus labrados en madera y en cuanto se marcha la señora, le pregunto por esta auténtica joya a Paco. “Pues este mostrador  es toda una reliquia y se ha salvado milagrosamente. Como sabes, en septiembre se cayó la pared de la parte izquierda del local. Nos dimos un susto tremendo. Recuerdo que llegué, como siempre, a abrir y cuando quise entrar por la tarde, levanté la persiana y me encontré todo caído. No podía pasar a la tienda. Para mí fue un choque emocional, no sabía ni lo que hacer, fue terrible. Al venir por la calle San Juan una vecina me dijo que sobre las cuatro de aquella tarde, se había escuchado un tremendo golpe en la tienda y había salido muchísimo polvo. No me lo imaginaba y fue tremendo. Todo mi negocio destruido y roto. Desde el día 9 de septiembre hasta hace tan solo unos días he estado sin parar con la obra y el mostrador sano y salvo. Se encuentra entero desde que se inauguró la tienda y no me creo que se haya salvado. Ha sido un auténtico milagro porque estaba como si no hubiese pasado nada”.

Con los ojos arrasados de lágrimas y relatándome todo esto, me doy cuenta que tengo ante mi a otro luchador más. Otro optimista. Otro de tantos y tantos que están en la lucha continua de la mágica supervivencia en el Barrio Alto. En ese momento me dan ganas de abrazarlo, de aplaudirle, de llorar de emoción con él. Pero Paco me sigue contando sus inquietudes y yo le escucho. “Este es un comercio muy especializado, se trata de pequeño comercio que, por un lado tiene que conservar su encanto pero por otro, renovarse y traer piezas originales que no se encuentren en otros lugares y esto cuesta mucho esfuerzo”.

Me gustaría saber como era la Calle San Juan en la que comenzaba el Globo en la etapa de Paco. “Sin duda era la calle comercial de la ciudad. Había muchísima gente y  tenía mucha actividad. Ahora todo ha cambiado mucho. No se puede vivir solo de ilusión, todo se intenta pero el Casco Histórico necesita ayuda y debemos cuidarlo entre todos. Desde luego si no, es imposible tirar para adelante. Hay que pensar que lo último que se puede perder es la esperanza y yo esa, jamás la he perdido. Porque tengo la suerte de que por aquí se dice que lo que no encuentres, vete al Globo”.

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