“ Cada Punto de Vista” – Marisol Torres

“A mi no me sacas del Casco ni aunque venga a buscarme Brad Pitt. Me toca la lotería, y me compro lo que era el edificio de telefónica. Ese es para mí.
Mi hermano Miguel me llevaría hasta allí en helicóptero. No me moveré del Casco Antiguo jamás”

Hoy nos juntamos dos intensas, y eso es maravillosamente peligroso. Pero creo que era el momento adecuado y la fecha oportuna. La Navidad es una época intensa y bonita en la que a todo el mundo nos da por sentir ganas de repartir amor, paz y solidaridad o eso quiero pensar yo. Marisol Torres se me figura hoy como una especie de hada, como un elfo de pelo naranja que, inquieto, nervioso y alegre, recorre el Casco Antiguo de un lado a otro, llenándolo todo con su mágica presencia. Ambas llegamos tarde a la cita, hemos quedado en la esquina de la plaza de España en donde está el ayuntamiento para ir juntas hasta otra de las plazas de nuestro querido Barrio Alto que posteriormente recorro con ella porque, como yo le digo cariñosamente, me hace muy bien de perro guía.
La causa de nuestra impuntualidad es la misma para las dos; vamos caminando y nos para la gente, nos desea feliz Navidad y nosotros respondemos y formamos parte de esas conversaciones tan agradables. Pero a mí hoy me ha pasado lo que me pasa muchas veces y que me da tanto apuro. En ocasiones, y debido a que entrevisto a muchas personas y hablo con gente variopinta cada día, alguien me saluda efusivamente pero yo no sé de quién se trata. Intento retener la conversación un poco para averiguarlo pero esta vez pierdo el juego. Imposible. El caso es que el señor se aleja, me desea feliz Navidad, yo a él también pero sigo sin saber quién ha hablado conmigo y sin atreverme a preguntarle. Le cuento la anécdota a Marisol y ambas, efusivas por vernos como siempre nos pasa a las intensas, vamos hasta la maravillosa y renovada iglesia de Santa Catalina, que ahora es un espacio cultural al que entro por primera vez.
De repente, un amable Julián Mesa, nos recibe y sale a la puerta de aquella maravilla que al principio se me antoja como una especie de pozo negro, con mucho eco y, cuando Marisol camina hacia adelante en uno de esos descuidos de que» la Mangut no ve bien», le recuerdo que me espere por si hay escaleras pero todo es llano, grande y diáfano. Y precioso a la vez. Huele a nuevo y algunas de las piezas de la exposición, las puedo llegar a ver cuando se van encendiendo las luces, son enormes.

Y allí nos plantamos las dos, sentadas en el suelo en las escaleras al final de aquella sala inmensa que ahora acoge la tercera de las exposiciones desde que lleva renovada. Como testigos de nuestras palabras El eco del lugar, y las propias obras de arte.

Después de dar unos cuantos rodeos, la foto de rigor. El retrato sonoro que siempre hacemos. Y mi pregunta.

¿Quién es Marisol Torres?
“Tenía muchas ganas de pasar por aquí. Me has dejado para la última del año y eso significa que me quieres mucho o al menos que me consideras un poco especial.

Así que juntas abrimos la puerta al año que llega. Aquí en la exposición de Emilio Gañán, esto por fuera es Santa Catalina pero por dentro es «Arteria». He elegido este sitio porque la gente dirá, «esta muchacha está todo el día de bares». Pues sí, voy a bares; al Carmen, al Silencio y a la Marina.

Pero también voy a museos y a otros lugares y me encanta traer aquí a gente que, cuando viene a Badajoz, se queda perpleja con nuestra ciudad. Pero eso, estoy muy muy ilusionada por fin de formar parte de esta sección y de hecho ayer mismo fui a Dulce Locura y me compré un vestido nuevo para la foto. En cuanto a que quién soy yo, pues lo primero hablaré de mi trabajo que es con lo que pago la hipoteca. Yo coordino el área de Información Juvenil en el Ayuntamiento. Esto me hace estar completamente al día y muy enterada de todo lo que sucede. Tengo 53 años aunque no lo parezca y llevo muchos años ya haciendo el carné joven. Empecé como monitora, después animadora, coordiné diferentes actividades, en fin he hecho de todo. Pero me encanta la comunicación y además de en mi trabajo, también lo plasmo en otros ámbitos de mi vida. Después de la mañana llega la tarde la noche y la madrugada. Soy la relaciones públicas del Festival Ibérico de Cine, y cuando llegan los Palomos me vuelvo completamente loca. Me presenté de voluntaria a las labores de producción hace muchos años y éramos solo cuatro. Ahora tenemos un equipo liderado por Hugo, que es maravilloso. Además de disfrutarlo y de llevar a cabo otras labores, soy la coordinadora y dinamizadora del escenario Joven en este evento que tanto me gusta.”

En este caso, no puedo preguntarle a alguien que ha nacido, se ha criado y aún vive en el Casco, como llegó hasta él, pero sí que quiero que me cuente el motivo por el que Marisol Torres sigue viviendo en el barrio de las artes y nada ni nadie la va a hacer salir de ahí, según repite varias veces muy convencida.

«Marisol es del casco antiguo casi como el casco antiguo es a Marisol», Diría yo.

“Yo llevo toda la vida aquí. Viviendo con mi familia. Tengo la suerte de que cuando la gente me pregunta que a qué se ha dedicado mi familia, les puedo decir que siempre se han dedicado al Casco de una o de otra manera. Mi abuelo Pepe fue el que fundó el kiosco de calamares de San Francisco, el lugar donde nos hemos criado.

De pequeños, mi abuelo traía espectáculos también a la terraza del López de Ayala. Nuestra vinculación es completa.

En casa de mi abuela Leo se contaban historias de cuando vino Antonio Machín, María Dolores Pradera, etc. Y yo me empapaba de todo aquello. Recuerdo que el cine entonces se pagaba en el ascensor y se subía después a la terraza; pues bien, mi tía seleccionaba solo a uno o a una. Tú te montabas en el ascensor toda digna y pagabas tu entrada.

Pero el resto todos, todos absolutamente, nos colábamos por las escaleras y nosotros pensábamos que nadie lo sabía. Hasta que un día Miguel Murillo nos dijo: «claro que sí que sabíamos que todos los Martínez os colabais». Siempre he vivido y viviré en el Casco.  A mí de aquí no me mueve nadie. Ni aunque viniese a por mí Brad Pitt. Me toca la lotería y me compro lo que era el antiguo edificio de Telefónica. Mi hermano Miguel me ha dicho que me llevaría en un helicóptero desde mi casa hasta allí…

A mí jamás me ha pasado nada aquí… nunca me han intentado robar. Existe el problema de la droga y es la raíz de todo lo malo que sucede. Terminar con eso y que por fin llegue la rehabilitación de las casas que aún están abandonadas sería la mejor medida y un impulso definitivo para el barrio. El problema del cierre o de la poca dinamización del comercio, pues hay que pensar que si no estuviera el Faro o Zara no hubiese cerrado y se situase todavía en la calle Menacho, por ejemplo, entre otras cosas, no se hubiese caminado hacia atrás. Yo soy de comercio local. Compro en el Globo, en Dulce Locura, en mi barrio , en las tiendas de la calle. En las fruterías, las pequeñas superficies, etc…».

Entiendo que aquí no es fácil vivir a veces, pero es maravilloso. Entonces, le pido que caminemos juntas hacia atrás en un “flashback”, ya que le gusta tanto el cine y que vea a aquella niña que se colaba en el López y me diga si se la imaginaba presentando, años después, los Palomos, por ejemplo. Como era aquel Casco y como es este. “Nada que ver. Cuando comencé de monitora y venían grupos del extranjero a los que acompañaba a visitar la zona, a nosotros nos tenía que acompañar la Policía Local. Nada que ver, insisto. Lo que sucede es que lo queremos todo de inmediato y las  cosas tienen que ir poco a poco. Pienso que nos encontramos en constante evolución. No podemos pretender que esto funcione si no incentivamos nosotros el Casco y no vamos a comprar el pan a la panadería de San Andrés, por ejemplo”. Para el Barrio Alto y para el mundo en general, tengo que pedir a Marisol Torres y su propósito de utopía constante que alberga ese espíritu de hada, duende y chispa que tiene, que agite su varita mágica y piense en deseos para este próximo 2022 que nos pisa los talones. “Amor, que nos cuidemos por dentro, que nos cuiden y nos quieran y que se marche el virus. Para el Casco que se terminen de rehabilitar las casas y que desaparezcan los puntos de venta de droga, de una vez por todas para que nuestro Casco se transforme en ese lugar alegre y mágico que todos queremos”.

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