“Cada Punto de Vista”, Músicos en la Calle – Blanca García

“Da menos miedo cantar delante de miles de  personas que  cantar en una esquina en pleno centro. Al final la gente pasa, a lo mejor no se fija tanto, o sí. El caso es que aquí no nos refugiamos tras la pantalla y yo, al estar en la calle veo las caras de las personas, percibo como reaccionan, si les gusta o si no. Me siento mucho más controlada y a la vez, valorada. No tiene nada que ver”.

Siempre lo he dicho pero en estos días lo debo reiterar porque septiembre está siendo el mes dedicado a ellos, a los que decoran el Casco con sus canciones, las teclas de un piano, la melodía de un saxofón o las cuerdas de una guitarra. Repito que nuestro querido Barrio Alto se puede y se tiene que recorrer también con el oído. El corazón de Badajoz canta y toca y no solo en ocasiones especiales, como viene sucediendo en estos días en el marco de “Badajoz, la Ciudad Encendida” o como nos propone “La Noche en Blanco”, por ejemplo, sino en su día a día. Para una persona con baja visión, encontrar por las calles cualquier estímulo que pueda disfrutarse con los otros cuatro sentidos, resulta siempre todo un regalo y si se trata de música, pues casi mejor. Eso sí, hay una alerta que se nos enciende cuando escuchamos alguna melodía en directo mientras caminamos por la calle; miramos rápidamente al suelo o si llevamos bastón, nos apartamos un poco porque sabemos a ciencia cierta, que el cesto, la gorra o la funda de la guitarra que seguro, está delante para que la gente que lo desee done dinero, nos la llevamos por delante. De hecho, cuando alguna persona sentada en el suelo o de pie, un mimo, por ejemplo, no hace ruido y por tanto, no podemos percibir que está allí, el accidente se produce en el noventa por ciento de los casos.

 Por encima de las conversaciones de la gente y del ruido que emiten los coches al pasar por aquel cruce tan grande, justo en las traseras de Correos, se alza la suave voz acompañada por el susurro de su guitarra, de Blanca García, que ofrece una versión en acústico de un tema en español cuya autoría desconozco. Me sitúo frente a ella para escuchar y me pregunto si me estará mirando, si se fijará en que deseo hablar con ella… en estas ocasiones, en las  que ando buscando el particular punto de vista de los músicos callejeros, no hay quedada previa y hago las cosas de otro modo. Les asalto, grabadora en mano y eso es también, lo mágico de este septiembre.

Blanca se muestra amable y receptiva ante mi explicación y en dos minutos estoy pulsando el REC y charlando con ella. “Aquí estamos mi guitarra, mi ampli y yo. Llevo muy poco tiempo cantando en la calle, ya que no vivo de esto y lo hago por gusto. Un día se me ocurrió hacer fuera lo que hago en Instagram. Siempre he subido canciones que me gustaban, así por pura diversión. Este verano toqué por primera vez con unos amigos en directo, en la calle y me decidí a salir. Mi padre me había regalado un ampli y comencé mi aventura. Estoy estudiando Odontología durante el curso en Portugal y cantar es mi gran pasión. Llevo muy pocos días saliendo y me encanta la experiencia”.

Blanca sonríe todo el rato. Lo noto en su voz y sé que lo que me cuenta es auténtico. Es feliz cantando o al menos eso dice su forma de transmitírmelo. Este es su tercer día y quiero saber si el día que se decidió fue especial, por algún motivo concreto. “El primer día que vine fue simplemente, porque me apetecía mucho cantar y lo estaba haciendo en mi casa. Entonces dije: ala, a la calle a cantar y estrenar el ampli que me regaló mi padre. Y nada, aquí me planté. La sensación es de mucha incertidumbre porque tampoco es como en un concierto donde tienes técnicos de sonido ni público.  Vine sin nadie y no sabía cómo se me oía, si bajo,  demasiado alto o cómo. La gente creo que, sobre todo, se lo pasa bien. Muchos empiezan a cantar conmigo o me piden alguna pieza. Además, yo siempre me lo paso muy bien y lo disfruto mucho porque cantar me apasiona”.

Una pasión que, entiendo que su padre comparte con ella o al menos la apoya porque me repite, en varias ocasiones, el regalo que le ha hecho: un amplificador que se ha convertido en su tesoro, junto con su guitarra y su voz. Pero me gustaría saber qué opina el resto de su familia de esta actividad de Blanca. “Mi madre, al principio, no quería que saliese a tocar. Tenía miedo de que se me pudiera ver como a una persona que vive en la calle. Es entendible, por una parte. Me veían sus amigos, gente que ella conocía y bueno, digamos que ya lo ha ido normalizando. Además, la gente puede pensar lo que quiera, pero lo importante es lo que pienses tú, que te lo pases bien y que disfrutes”.

Comprendo que cuando una da ese paso,  se planta en la calle a cantar en una esquina y no necesita vivir de la música, es que precisamente, la música significa mucho en su vida y así me lo refrenda Blanca. “Yo me considero una aficionada que comparte lo que canta y toca en las redes sociales”.

Las redes sociales, tan presentes o casi podría decirse imprescindibles en la vida de los jóvenes. Sin embargo, aunque se canta para muchísima gente, Blanca reconoce que impresiona y ofrece mucho más respeto la calle. “Pues la diferencia es impresionante. Da menos miedo cantar delante de miles de  personas que  cantar en una esquina en pleno centro. Al final la gente pasa, a lo mejor no se fija tanto, o sí. El caso es que aquí no nos refugiamos tras la pantalla y yo, al estar en la calle veo las caras de las personas, percibo como reaccionan, si les gusta o si no. Me siento mucho más controlada y a la vez, valorada. No tiene nada que ver”.

Como muchos de los músicos callejeros, Blanca García sabe de esa ordenanza que podría afectarles y de hecho, se muestra consciente de que existen opiniones de ciudadanos en contra de que pueda sonar la música en plazas, esquinas y parques. “Pienso que siempre que se haga con respeto y a unas horas normales, a nadie le debería molestar que suene música, incluso escucharla desde sus establecimientos o desde las ventanas de su casa. En la calle hay mucha contaminación acústica que no se multa y que sí resulta mucho más intensa y molesta que la música”.

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