“Cada Punto de Vista” – Josefina Real y Sergio Pereira, propietarios de “Casa Espada”

Yo vivo donde nací y ahora, la tienda va a cumplir pronto ciento cincuenta años. Haciendo historia te diré que había otras cosas pero la droga no existía. Mi padre tenía negocios con Portugal, con los contrabandistas y vivíamos bien. No teníamos problemas en esos años.  A partir de los ochenta, fue la droga la que cambió las cosas. La droga es la gran pupa del Casco Antiguo”. 

Se nota que la actividad en el Casco se consolida, igual que la llegada del otoño que indica que las rutinas ya están más que establecidas para todos y del verano no queda ni rastro. El tiempo es apacible y hay mucha vida esta mañana en mi camino hacia “Casa Espada”. Otra de históricos del Casco Antiguo que, eso sí, debo tener en cuenta que han cambiado de ubicación hace ya tiempo  y en ello estoy. Siempre tomo como referencia un local que sitúo bien para luego buscar el otro. En este caso, me han dado como referencia los vecinos, la Cubana para que sepa que anda por allí cerca. Hoy no encuentro vallas ni obras pero sí muchos camiones que se paran en las puertas de los establecimientos para descargar productos. Uno de ellos, bloquea la esquina que me lleva hacia la calle de la Cubana y me detengo porque entre el ruido del vehículo y el de una máquina de limpieza, no encuentro el modo de avanzar de manera segura. El camión huele a flores y el chico que baja del mismo con varias cajas me lo confirma cuando le pido ayuda para seguir hacia adelante. “Es que vengo a hacer una entrega aquí al Marqués de la Vaca y por eso te da el olor de lo que hay dentro de las cajas”, me comenta. Luego espero unos segundos a que lleve el pedido y me ayuda gentil a salir del atolladero.

No me cuesta nada dar con la tienda y en cuanto traspaso la amplia entrada me quedo con lo que, desde aquel momento será mi referencia visual para encontrar “Casa Espada” en sucesivas ocasiones: el suelo anaranjado que percibo porque se trata de un color que destaca. Las personas con baja visión siempre tenemos unas referencias bien distintas de quienes no viven con deficiencia visual. En este caso, por ejemplo, yo no veo el cartel del establecimiento, debido a la altitud o a que no está iluminado ni tiene colores fuertes, sin embargo, el suelo y ese color sí soy capaz de verlo.

Sergio Pereira, está tras el mostrador atendiendo a una clienta que pide un disfraz de la película “Coco”,  nos saludamos y me emplaza a que espere unos minutos porque también quiere que Fini,  su madre, participe en la entrevista,  puesto que la “histórica” es ella. Mientras llega Fini, doy una vuelta por la tienda y reflexiono sobre la importancia del comercio totalmente personalizado para nosotros, en el que necesitamos una atención directa. Para mí, lo que está en las perchas son solo bolsas con colores pero nada más. Si no saco lo que hay dentro de ellas y no lo toco, si no me explican el contenido de cada disfraz, no puedo elegir ni comprar nada. En esas estoy cuando una empleada de la tienda me anuncia que llega Fini y enseguida buscan una silla para que pueda sentarse. Es una mujer enérgica, cariñosa y muy amable. En un momento, estamos las dos sentadas, una frente a la otra, rodeadas de disfraces, artículos de fiestas, de bromas y hasta juguetes y comenzamos la charla, mientras su hijo Sergio, pulula a nuestro alrededor, respondiendo algunas preguntas, aclarando términos y pendiente  también de lo que se fragua en el local. “Yo soy la hija de un comerciante excepcional”,  así se define Josefina Real, con mucha rotundidad a la vez que una sonrisa que no la abandona en ningún momento. “Nací aquí en Badajoz, en este barrio, en este ambiente. Mis padres eran de Chiclana de la Frontera, provincia de Cádiz. Se vinieron a Badajoz porque hay un poco de historia con mi abuelo. El decía que era feriante, que iba a ferias  vendiendo navajas pero en realidad, tenía una amante aquí en Badajoz. Mi padre se quedó huérfano a los cinco años porque su madre murió  en el parto. A los quince años no sabía ni leer todavía. Luego conoció a mi madre que también, como él era huérfana”. En ese momento, quiero ya retrotraerme hasta los inicios de “Casa Espada” y Sergio Pereira, se acerca para apostillar que “debemos tener en cuenta que todo comienza en el año 1875, en el siglo XIX, donde el concepto de comercio se presentaba de forma diferente. Aquello eran tiendas ambulantes, negocios en los que se vendía de todo. Alpargaterías, tiendas de ropa, etc. La navaja, en aquel tiempo era muy usada para el trabajo en el campo”. Fini recuerda entonces que su padre fue quien impulsó el gran cambio hacia lo moderno. “En los inviernos, por ejemplo, se vendía en las casas, se exponía el material encima de las mesas camillas, etc y mi padre dijo que eso tenía que cambiar y que así, él no se venía a Badajoz”. “Mi bisabuelo”, aclara Sergio, “se viene a Badajoz porque conoce a una señora que tiene aquí un puesto y cuando se quedó viudo se estableció en lo que ya fue “Casa Espada” en la calle San Juan”.

Como mucha otra gente de Badajoz, siempre pensé que lo de “Espada”, venía por algún apellido de la familia. Pero según me explica Fini, se debe a un mote de su padre: “mi abuelo medía un metro noventa. Era alto pero además muy grueso. Como buen chiclanero se ponía a bailar en la calle y en las fiestas.  Le decía la gente que se movía como una espada y de ahí viene el mote que le pusieron y luego llegó el nombre a la tienda”.

Sobre la tienda y sus inicios, Sergio me cuenta que “Casa Espada” se abrió vendiendo de todo: frutos secos, juguetes, artículos de bromas, etc. Juguetes que, a principios de siglo no eran como los de hoy; se fabricaban con madera, chapa, en fin…. Éramos un bazar sin demasiada especialización. De hecho, los artículos de broma son algo muy antiguo, incluso anterior a los disfraces. Luego, en la época de la dictadura, no se vendían disfraces como tal, pero sí mucho complemento para aquellos trajes que se confeccionaba la gente para las fiestas clandestinas. Los dos mercados que existían en aquel tiempo, eran el que se consumía en esas  pequeñas fiestas privadas y también el mercado portugués, en el que sí eran legales y venían desde allí a por mucha mercancía”.

“Casa Espada” se creó y sigue en el Casco Antiguo como Fini, quien comenta orgullosa que “yo vivo donde nací y ahora, la tienda va a cumplir pronto ciento cincuenta años. Haciendo historia te diré que había otras cosas pero la droga no existía. Mi padre tenía negocios con Portugal, con los contrabandistas y vivíamos bien. No teníamos problemas en esos años.  A partir de los ochenta, fue la droga la que cambió las cosas. La droga es la gran pupa del Casco Antiguo”.  Esta afirmación la refrenda su hijo Sergio, que asegura que “En aquella época del auge de las drogas, se  estropeó todo un poco, junto con otro fenómeno: la expansión de la ciudad. Ya no solo era esta la zona comercial y San Juan dejaba de ser, poco a poco, el centro neurálgico de las compras. Extramuros solo lo componía la Estación y San Roque hasta que se fue agrandando.  Luego el Casco se fue vaciando de personas y locales. Pero bueno, ahí seguimos y no solo con clientes de Badajoz, sino de toda la provincia”.

Finalmente, me gustaría que Sergio Pereira, quien actualmente se encarga de “Casa Espada” en el día a día, analizase la situación en el actual escenario de nuestro Barrio Alto. En estos últimos tiempos en los que se pretende una regeneración, hay que analizar más a lo ancho. En los ochenta y noventa, a la gente directamente les daba miedo venir porque se les metió en la cabeza que el Casco era la zona más peligrosa por el tema de la droga y la delincuencia.  Hoy en día existe un cambio y se nota. Pero para el comercio pues también hay otros aspectos a tener en cuenta como la venta online que es cierto, que también hay que entenderla. De hecho nosotros tenemos tienda online, pero ellos juegan con una cosa que a las pequeñas empresas nos queda lejos y no podemos acceder a él; me refiero al posicionamiento. Porque, en cuanto al  precio ya te digo yo que aquí, se pueden encontrar los mismos productos más baratos que en Amazon, por ejemplo. Lo que sucede es que en cuanto aparece en cualquier búsqueda el producto que se desea, pues el cliente solo tiene que dar con un dedo desde su móvil sin moverse del sofá. Eso sí, a veces el artículo pues no corresponde, ni mucho menos, con lo que se esperaba”.

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