“Cada Punto de Vista” – Jesús Ortega, bailaor y Director del Centro Flamenco “Jesús Ortega”

“Lo mejor que me pudo pasar en la vida fue  refugiarme en la emoción del arte, en la emoción del flamenco”

Dicen que el tiempo es oro y considero que resume una gran verdad. Por eso valoro mucho que cualquier persona me dedique sus horas, minutos o segundos. El tiempo es lo único que regalas de manera exclusiva a alguien porque jamás vuelve a materializarse y yo considero valiosísimo el que me dedica cada semana aquel que  pasa por este particular “Punto de Vista”. Además, precisamente las personas que necesitamos como el agua el tiempo, el ”más tiempo” para todo, aún damos una importancia mayor a estas situaciones. Quienes vivimos con baja visión, como es mi caso, precisamos de ese valioso tesoro que pareciera cada vez más escaso y difícil de lograr. Con una sola mirada, el viandante sabe lo que le va a esperar a tan solo unos metros mientras camina. Puede vaticinarlo y gestionarlo, pienso mientras cruzo la Plaza de España en dirección al Silencio, pero las personas con discapacidad visual solo pueden tener en cuenta aquello que tocan, aquello que sienten o que escuchan o huelen, que por cierto, es mucho, no digo yo que no. Lo que sucede es que hay veces, que una se refleja en la sociedad que sobre todo y ante todo ve y entonces se le  bloquea un poco la mente y hasta que pasa el cortocircuito, pues la cosa no encaja demasiado.

Pero, mira por donde, esta semana voy más feliz que una perdiz porque en mi camino no me estoy encontrando tantas vallas como antes y en ese caso, ando más rápida y segura y el tiempo dichoso, corre a mi favor. El tiempo y la melodía que también en esta ocasión es mucho más agradable; si la semana pasada se trataba de máquina de obras y ruido infernal, hoy un joven toca la flauta en la esquina de Juan Carlos I por la que acabo de pasar hace escasos minutos. Es que voy al barrio de las artes y raro es el día que no se escucha música en sus calles. De hecho, pensándolo bien, me pega y mucho la figura de Jesús Ortega, a quien tenía muchas ganas de entrevistar, aquí en el Barrio Alto. No sé… este debería ser como su “sitio natural” para crear y pasear su arte. Un arte propio pero tremendamente versátil y empático que le sale de cada uno de los poros de su piel y que, como pude comprobar en su último espectáculo, no solo se admira con los ojos de la cara, sino que se siente con los del alma y araña, angustia, remueve y alegra como un huracán. El “Huracán Ortega” que ahora se presenta ante mí en uno de los rincones preferidos por los dos y donde lo he citado para charlar, por fin, a distancia corta. Distancia social, claro, pero corta, al fin y al cabo. Así es como quienes no podemos ver, disfrutamos realmente de la esencia verdadera de las personas y Jesús es una de esas esencias que hay que saborear gota a gota y despacio, parando el tiempo. Su Tiempo y el mío que por fin han encontrado lugar para unirse en esta encrucijada de la vida, en este  mediodía de viernes aderezado con un  cielo gris oscuro que guarda torrentes de agua en unas nubes grandes, un toldo natural sobre la mesa blanca del velador y con una taza de caldo reconfortante de las que “quitan el sentío” y que Concha, la cocinera del Silencio y hermana de Julián, nos trae a la mesa en un gesto de cariño, de mimo sincero de los de madre, por lo menos, diría yo.

Tengo sentado frente a mí, a Jesús Ortega, una de las personas que ha llevado más lejos el nombre de Badajoz en particular y de Extremadura en general y lo ha hecho a su manera; a través del ARTE. El corazón de la ciudad, su Casco Antiguo se me antoja, una vez más como escenario de otra entrevista con un artista. Pero es que él lo tiene claro y nada más apretar el Rec, lo suelta por si había alguna duda. “Hola Susana estoy muy contento de estar precisamente aquí sentado y de hacer esta entrevista justo al lado de mi futuro Centro de Flamenco”. ¡Toma ya¡, pienso yo. Y eso que todavía no le he preguntado.

Entonces quito el pie del acelerador por lo de saborear despacio todo lo que Jesús me quiere y me tiene que contar y poquito a poco, lo llevo a mi terreno porque, lo primero y tradicional siempre es pedirle al invitado su autorretrato. ¿Quién es Jesús Ortega?, le demando para empezar por el principio. “Jesús Ortega es una persona tremendamente sensible que se refugia, a la edad de ocho años, en el baile flamenco y lo hace por su homosexualidad. Porque me costaba mucho integrarme en mi grupo de amigos y esto fue lo mejor que me pudo pasar en la vida: refugiarme en la emoción del arte, en la emoción del flamenco. Hoy sigo creciendo y a mis cuarenta y un años continúo siendo aquel niño y conservando esa emoción. Me encanta la palabra “utopía” porque para mí, la vida siempre será eso, una utopía de sueños que tengo que cumplir”.

Utópico y forjador de sueños. Claro, Susana, me digo, es que tienes ante ti a un artista. Precisamente el camino de cumplir anhelos en los tiempos que corren es el más complicado pero el elegido por Jesús Ortega al que imagino de repente como un Peter Pan pero con una castañuela en una mano,  una copa de cerveza en la otra y zapatos de baile. Lo veo en mi mente brincando al compás de esa música que lleva en su alma de niño eterno y seguido por muchas bailarinas, todas con preciosos atuendos de vistosos colores entrando por una puerta que ahora solo es imaginaria, en un lugar mágico. Un sitio que Ortega desea hacer realidad y convertirlo en un sueño pero tangible. Aquel Jesús que calzaba zapatos de los de bailar en lugar de botas de las de meter goles, tenía y tiene muy claro cuáles son los trazos del mapa de su vida. “Una vida que precisamente descubrí un día tras una puerta verde. Aquella fecha la tengo anotada en el calendario. Salí a jugar con mis amigos y de repente, escuché una música que me cautivó. Abrí aquella puerta y me acuerdo perfectamente de su sonido chirriante y vi mucha gente bailando. La profesora salió y me dijo, ¿quieres algo, niño? Y yo le dije: “sí, quiero bailar”. Ya no recuerdo más, Solo sé que a partir de ahí empezó Jesús Ortega y salió a la luz el bailaor. Además, por aquella época sufrimos, en mi familia, una tragedia, ya que falleció el marido de mi tía que vivía justo aquí en  la plaza de San José. Durante años, he estado viniendo a jugar aquí, a la Plaza Alta, me juntaba con mis primos y con todos los gitanitos del barrio y lo pasábamos genial. Pero lo que me marcó y me ha unido para siempre al Casco Antiguo fue cuando empecé a escucharlos cantar y bailar y me quedé prendado. Ahora, años después, deseo fervientemente volver aquí”.

Ortega lleva en su corazón Badajoz y su Plaza Alta, pero su vida ha transcurrido por muchos escenarios desde que cumplió la mayoría de edad. “Me marcho a vivir a Sevilla y a los veinte años ya comienzo a trabajar en compañías y con veintidós entro a formar parte de la de Cristina Hoyos. En aquel entonces, mi vida era una maleta, un teatro y un hotel, pero sobre todo bailar, bailar y bailar. Siempre que me decían, ¿de dónde eres?, yo respondía que de Badajoz, pero tenía que explicar dónde coño estaba Badajoz. Les decía que un poco más arriba de Andalucía, somos casi hermanos de los andaluces pero no conocían que también Extremadura era flamenca. Parecíamos como un rincón invisible . Pero yo  seguí y sigo viajando y haciendo coreografía:: los Ángeles, Londres, Chicago, en todos esos lugares y en más he estado. Tengo un vínculo especial con Japón. Pero desde hace siete años decido con firmeza venirme a Badajoz para aportar, desde mi experiencia, un granito de arena y ya hemos hecho un camino maravilloso, desde el momento que hay ya chicas profesionales bailando. Pero también me vengo por mi familia; te pierdes muchas cosas de ellos como ver crecer a mis sobrinos, por ejemplo. Te pones a disposición del arte y eso es lo que sucede. Sin embargo, me quedo aquí como sede para cumplir unos objetivos siempre desde el baile flamenco y desde mi arte”.

Justo detrás de nosotros, a escasos metros de donde estamos sentados se encuentra ese gran sueño de Jesús Ortega que ahora debe fraguarse.  “Una casa en ruinas que, al verla, Juan Carlos Guajardo, mi pareja, y yo sentimos que nos llamaba. Fue hace tres años cuando cerramos los ojos y nos vimos aquí para cumplir nuestro sueño que es montar un centro de flamenco. Tres años duros en los que hemos luchado para conseguir esa licencia de obras que ya viene en camino y que muy pronto esperemos que sea realidad. Me gusta pensar mucho en el futuro pero, justo cuando empiezas a acariciar ese proyecto llega el Covid y arrasa con todo”.

Efectivamente, la vida es antojadiza y se empeña en decirnos que es ella quien manda, aunque nosotros le plantemos cara una y otra vez, reflexiono con Jesús. Precisamente, durante el confinamiento hemos llorado tanto en el hombro del arte, que ha estado ahí para consuelo de toda una sociedad y ahora, parece que no le protege lo suficiente y no considera, desde las instituciones que  lo gestionan, al arte como motor que nos impulsa. “Lo hemos vivido y lo seguimos viviendo. Hay gente que está pasando hambre literalmente. Yo tengo compañeros que están acudiendo a  una cola de Cruz Roja para comer. Yo no puedo quejarme por mi situación, aunque el bajón se nota también porque hay gente que tiene miedo y gente que no tiene dinero. Pero tenemos que seguir adelante y yo no me voy a rendir nunca. Este nuevo negocio conlleva una gran inversión que podría rondar los seiscientos mil euros. Un centro de flamenco enorme y pionero. Pero las cosas están como están y desafortunadamente, la realidad pasa por que existen otras prioridades y no contamos con aportaciones suficientes. Aún así en el fondo de mi corazón, confío en que tendré ayuda de mi ciudad. Yo me he ido siempre fuera apostando por mi ciudad y me gustaría que ahora Badajoz me lo devolviera, no a mí, sino a la gente, al flamenco. Me encantaría mantener una reunión con nuestros políticos y gestores para poder trasladarles, en primera persona, que este proyecto no consiste en un negocio privado, sino en una auténtica aportación social para Badajoz, en general y para el Barrio Alto, en particular. Ya se sabe, además, que construir aquí resulta mucho más caro que en Valdepasillas, por ejemplo y necesitamos esa ayuda, insisto, no para nosotros, sino porque queremos aportar”.

Desde luego, Badajoz es en gran parte flamenco. ¿Qué es el flamenco para Jesús Ortega?. Es que no me puedo despedir de él , sin hacerle esta pregunta tan tópica y típica pero que ahora, escuchándolo  hablar con esa emoción de este futuro proyecto que le sale del alma,” tenemos que cerrar así, creo que lo pide el cuerpo, Jesús, ¿no te parece?”.

“Pues sí. El flamenco es mi vida pero lo defino como esa emoción que se desdobla para hacernos llorar una pena, vivir una alegría, enamorarnos o simplemente sentir. El flamenco lo es TODO”.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Alegría al saber que hay compañeros que están abriendo camino.

    Alegría ver como rebrota la hierbabuena en Badajoz.

    Gracias, Jesús, gracias por tanto. Gracias al equipo que promueve la cultura…

    Aunque no te vea te siento.

    La fuerza y la humildad de Extremadura

    son indescriptibles…

    Mucha luz para ese futuro Centro de Flamenco de Badajoz, ya me intriga saber su nombre!

    Emprender grandes proyectos, es agotador y reconfortante. No rendirle cuentas a jefes, saber que en nuestra mano está la semilla del cambio y agradecer la ayuda de todas las personas que lo hacen posible.

    La revolución viene desde las raíces y desde la apertura a lo nuevo.

    Será un placer seguir haciendo de puente entre mi querido Badajoz y mi amada Granada. Ayudaros en lo que esté en mi mano y presentaros a mi gente:

    Curro Albayzín es mi mejor amigo de Graná, llevo varias semanas sin sentarme en su mesa de camilla, él ya no puede venir a Dílar… Pero vendrá… y yo iré de nuevo a compartir versos y alegrías…

    Antonio Heredia Chonico, el guitarrista que pone baldosas a mis pasos y a mi alma, para que sea comedida y espontánea. Chonico es de la familia de «La Faraona», la primera gitana que abrió una Zambra en Sacromonte.

    Judea Maya, gran amiga y mi actual coreógrafa, directora de la Chumbera ( La Escuela Internacional de Flamenco de su padre, Manolete)

    … y ojalá, pueda hacer de puente para que también vaya a compartir allí mi querido Manolete. Persona de alma grande, humildad de oro y sabiduría popular. Él también tiene raíces extremeñas…

    Gracias por las palabras llenitas de fuerza… Cuando escucho los cantes de extremadura se me estremece el alma y me llega una brisa antigua y fresca.

    Mucha fuerza, seguid abriendo así las alas y trayendo esta utopía posible a nuestra tierra…

    En las noches oscuras del alma… con la muerte en los talones, el arte ilumina el camino de vuelta a casa. El día que puede volver a Badajoz……….

    Nosotros estamos igual aquí, auto-gestionando todo en la finca. Aunque ya estamos comenzando a recibir las primeras subvenciones.

    Las ayudas de la Junta, europeas, etc. nos pertenecen por derecho, tras toda una vida dándolo todo por la sociedad y por preservar lo auténtico.

    Que vivan las hogueras, que viva el mestizaje puro, que vivan los olivares y las dehesas.

    Que se espante ya el horror de las mejillas y regresen sonrosadas las artistas a los escenarios.

    Arsa, tomaaa… Feliz noche de luna llena desde la soledad de la montaña.

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