“Cada Punto de Vista” – Inocente Jiménez, copropietario del bar la Corchuela

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“De pequeño venía al bar y correteaba dentro y fuera. Anda que no habré roto yo cristales de escaparates con el balón. Aquí vivía toda mi familia y a nuestro alrededor otras con cinco y seis hijos cada una, como nosotros. Era el tiempo del San Juan de gremios y comercios de todo tipo: carnicerías, pescaderías, fruterías, confección, corredurías de seguros, de todo. Recuerdo la Plaza Alta con faena desde las siete de la mañana hasta las cuatro de la tarde”.

De entre tantos detalles que se escapan al alcance de las personas con baja visión cuando caminamos por las calles, hay uno que tiene solución a medias. Hablo de conocer, de forma autónoma, el nombre de las calles por las que vamos o que andamos buscando. Evidentemente, no podemos leer los carteles en los que reza cada nombre a tanta distancia, pero algunos de nosotros, llevamos en el móvil, una aplicación que transforma en voz aquello que puede leer a distancia mediante la cámara del aparato. La historia consiste en sacar el teléfono, ir haciendo un barrido con la cámara a nuestro alrededor y esperar a que la aplicación lea los letreros que va encontrando hasta dar con el que nos interesa que puede ser el nombre de la calle o el de un local comercial que estemos buscando, por ejemplo. Relatado así, resulta muy fácil. Sin embargo, si añadimos que la letra de cartelería y los dibujos que aparecen en los rótulos a veces resultan irreconocibles por la aplicación y que, directamente cuando extendamos el brazo para mirar con la cámara del móvil, algún amigo de lo ajeno nos puede dar el susto del siglo, pues la cosa se complica y bastante, la verdad. EN este caso, como voy a la Corchuela, tengo también mis mañas y trucos para llegar sin usar el método del “móvil en peligro” y lo hago tomando como referencia la pared de la acera de la calle Obispo a la que me pego mientras camino y me doy perfecta cuenta de las calles que debo pasar y por la que tengo que meterme desde la Plaza de España, hasta llegar a mi destino que, como siempre, huele apetecible, tanto si una va a desayunar café con churros, por ejemplo, como si se dispone a tomar un aperitivo al mediodía. SI la pasada semana pensaba en lo importante y útil que puede ser el sentido del oído cuando transitamos por la ciudad, insisto de nuevo con otro sentido que, una vez más, no es el de la vista. El olor nos dice y lo que es mejor, nos predice  mucho de lo que nos puede esperar y así pasa con la Corchuela que deja su particular senda que identifica el lugar en el que se encuentra.

Como ya he comentado en otras ocasiones, cuando camino en días de mucha luz o como en el caso de hoy, un día de los que yo llamo “blanco” en el que me encuentro bajo un cielo repleto de nubes pero con una luminosidad que daña y nubla mi poca visión, lo que me remataría, sería entrar en la Corchuela y en tan solo un segundo, quedarme completamente a oscuras, puesto que no hay mucha luz y además, tengo memorizado que en la puerta, justo, existe un pequeño escalón de bajada y no quiero disgustos. Total que a uno de los que supongo camarero, porque sí puedo ver a la luz del día junto a las mesas altas de la entrada, que lleva la parte de arriba blanca, le pregunto por Inocente, Ino, explicándole que soy periodista y que vengo a entrevistarle, que ya hemos quedado previamente y que no veo bien así que, es mejor que salga él a recibirme. Hay veces en las que pienso que menuda cara tengo, y es verdad, pero ¿qué otra alternativa busco para encontrar a mi invitado si dentro no veo nada y no me quiero tropezar con el escalón?. Afortunadamente en unos minutos sale Inocente Jiménez del Amo quien parece conocerme de las veces que me he pasado a tomar algo por allí y enseguida encontramos un lugar para charlar;, justo en la puerta del local, en una de las mesas altas al lado del árbol de Navidad nos situamos y sin más comenzamos una entrevista que tendrá  como telón de fondo las idas y venidas de los camareros que salen a los veladores para atender, los clientes y sus conversaciones y los viandantes que suben y bajan la calle.

Mientras Inocente me agarra del brazo para indicarme con especial cuidado donde está la mesa y demás, dice con voz cordial que “muchas gracias de verdad, por venir, por la entrevista y por la atención hacia mi y hacia mi casa”. “Su casa”, apostillo mientras pienso que la Corchuela es al Casco Antiguo, casi como el Casco Antiguo es a la Corchuela. “Desde luego, Susana. Esto es más que un bar de encuentros y reuniones. Es que llevamos aquí ya más de ciento quince años”. Efectivamente, ya son años para que se mantenga un mismo negocio. Pienso que, frente a esos emprendedores que han pasado por “Cada Punto de Vista” y que han narrado sus inicios, ahora estoy con alguien que llegó después a su propio negocio. Pero como siempre, sepamos en el autorretrato ¿quién es Ino?. “Pues efectivamente primero llegó la Corchuela y luego Ino. Este negocio procede de mi abuelo paterno y La familia tenía una finca llamada precisamente la Corchuela, cerca del Corazón de Jesús y de allí se vinieron para montar el bar. Todo comenzó siendo una especie de tabernita en la que trabajaba, primero mi abuelo y después mi padre con el y ahora nosotros que seguimos la tradición”.

Insisto en lo duradero de este negocio emblemático y familiar y quiero saber la razón de por qué funciona tan bien. “Pues aquí por la mañana tostadas, migas y churros, si vienes al mediodía cuidamos nuestras tapas y raciones,  sobre todo lo clásico nuestro de aquí que son las de jamón, lomo y queso. Todo eso junto con las croquetas, cayos, orejas,  o la mondonga”. Todo, pienso yo, aderezado con esa complicidad con los clientes habituales y el saber hacer y estar con los que vienen de fuera.

Muchos años, más de cien y por tanto, mucha historia en la Corchuela. ¿Cómo era la Corchuela cuando no jugaba de niño por estas calles y cómo es ahora?. “Pues antes la Corchuela era el sitio al que venían todos los comerciantes de locales que ya hoy no existen . Venía gente a desayunar y almorzar del Ayuntamiento, de la Junta, de la Diputación y de los bancos. Eran todos más compañeros, se llamaban unos a otros, se hacían grandes grupos. No sé, era otra cosa. La gente estaba unida. Ahora vivimos una época en la que el centro está muy dejado .Muchas casas se encuentran desiertas y han cerrado numerosas empresas.  Vemos letreros de locales que se venden o se traspasan y encima ahora la mala suerte sobrevenida con la pandemia. Si  tengo claro que sobreviviremos como podamos porque además, en nuestro caso, tenemos la suerte de que contamos con un noventa por ciento de clientela entre amigos y vecinos. SI a eso le sumamos la gente que viene de fuera y que sabemos que la Corchuela es un lugar emblemático, pues hay esperanza. EN cuanto a mi niñez: yo nací en esta casa, Susana. Entonces no había ni paritorios en Badajoz. Estaba la Cruz Roja, pero mi hermana y yo nacimos aquí en casa con ayuda de la comadrona. De pequeño venía al bar y correteaba dentro y fuera. Anda que no habré roto yo cristales de escaparates con el balón. Aquí vivía toda mi familia y a nuestro alrededor otras con cinco y seis hijos cada una, como nosotros. Era el tiempo del San Juan de gremios y comercios de todo tipo: carnicerías, pescaderías, fruterías, confección, corredurías de seguros, de todo. Recuerdo la Plaza Alta con faena desde las siete de la mañana hasta las cuatro de la tarde, sin parar. El centro estaba lleno de vida y de coches de un lado a otro. Ahora nada de eso hay”.

 También es cierto que existen determinados negocios, como es este caso, que se hacen notar a su manera en la ciudad. Creo y así me lo confirma Inocente Jiménez, que la Corchuela es uno de ellos. “Si, la verdad es que estamos metidos de lleno: en Navidad, en todo lo que tiene que ver con los carnavales, las ferias, en fin, que nos esforzamos por estar presentes. Por ejemplo, también comprometidos con el Badajoz y con los toros. Creo que los negocios han de estar implicados en todas las actividades. De hecho, mis hermanos y yo tenemos amigos y conocidos en todos sitios por eso”.

Con respecto a nuestro Barrio Alto, el actual, ¿con qué reflexión te quedas para este futuro tan incierto pero a la vez, tan inmediato?. “Todas las instituciones, Ayuntamiento, Junta, Diputación, en fin, todos, deben mirar y hacer más por el Casco Antiguo. El corazón de cada ciudad es su Casco Antiguo y si en él se ven cuatro casas derrumbadas y poco más pues esa es la imagen que se lleva de la ciudad el que venga a visitarla. Si es que Badajoz tiene mucho valor porque contamos con una preciosa Catedral, con museos importantes, los puentes y podemos presumir de una Alcazaba maravillosa. Se trataría, pues de cuidarlo todo y de mantener una imagen cara al turismo y por supuesto, a nosotros los ciudadanos”.

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