“Cada Punto de Vista” – Ildefonso Cabezudo, propietario de la droguería y perfumería Cabezudo

“Aquí estoy, rodeado de papeles. Los papeles hay que arreglarlos. Yo llevo 52 años trabajando con la cabeza y los ordenadores no me gustan. Tenerlos los tenemos, claro. En cuanto a la situación actual, me da mucha pena que tantos comercios hayan tenido que cerrar. Entiendo que ha sido una medida nada justa, pero necesaria.“.

Compro en el local cuyo propietario es, esta semana protagonista de mi crónica, desde hace muchísimos años. Prácticamente desde que me mudé a vivir a Badajoz. Reflexiono sobre cuánto ha cambiado mi vida en lo personal y en lo laboral, en general de cuánto ha cambiado Badajoz desde entonces hasta ahora, mientras camino por los soportales de la calle Juan Carlos I. En esta ocasión, los principales obstáculos los constituye precisamente la propia ciudadanía que se agolpa en algunas de las tiendas haciendo cola para poder entrar siguiendo las medidas sanitarias y de seguridad establecidas por el gobierno autónomo que ahora, ha considerado en estas semanas, que el comercio minorista pueda abrir desde las 10:00 de la mañana hasta el mediodía, de lunes a viernes.

El comercio minorista, precisamente que tanto ayuda a las personas con baja visión a las que las grandes superficies se nos transforman en enormes junglas en las que nos vemos huérfanos de toda ayuda en muchas ocasiones y somos absolutamente incapaces de localizar algo concreto. Es necesario ir con alguna persona que vea y pueda ayudarte o conocer y quedar previamente con alguno de los empleados del lugar. Sin embargo, en las tiendas pequeñas, en las tiendas de barrio, en las tiendas de nuestro Barrio Alto, todo es muy diferente. El dependiente te regala lo más valioso que tiene: su tiempo. Se sitúa a tu lado mostrándote cada pieza, cada cosa que quieres llevarte y te cuenta sus características como si no tuviera prisa, como si detrás de ti no hubiese otro cliente, y después otro. Y eso es muy de agradecer. Y en estos momentos de pandemia y dichosa distancia social, más todavía. Pero voy más lejos: en estos momentos y siempre. La gente del comercio pequeño pero entrañable del casco antiguo, me atrevo a decir que están muy acostumbrados a tratar con personas ciegas o con baja visión; La delegación territorial de la ONCE siempre ha estado cerca. Primero la de la soledad y más tarde la actual, en Ronda del Pilar. Eso ha hecho y todavía hoy sucede, que muchas personas con estas características transiten por sus calles y compren en sus establecimientos. nosotros, los aludidos, lo percibimos, lo sabemos y lo agradecemos. Por supuesto.

Nada más entrar en el local, sin hacer la pertinente cola puesto que ya había quedado previamente con Ildefonso, más conocido como Sito ya escucho a Yolanda, su hija que desde la caja, advierte: “Papá, atiende a Susana que va para allá“. Aún recuerdo que desde la puerta hasta el final hay un largo pasillo que tomo por una de sus ramas entre dos estanterías y camino con mucho cuidado porque me acuerdo que hay dos escalones que, afortunadamente, contrastan bien porque están señalados con esa especie de goma a franjas negras y amarillas fosforescentes Y el suelo es totalmente blanco. Pero enseguida Ildefonso está esperándome para indicarme por dónde entrar a la oficina. Es curioso porque tantos años comprando allí y nunca había visitado la parte interior del local. Me invita a pasar y me indica que nos sentemos alrededor de una mesa en la cual veo muchísimos papeles y ni un solo ordenador. Sentada ante él, se me ocurre pensar que si digo Ildefonso Cabezudo Rodas, probablemente les suene a muy pocos.

Pero si me refiero a él como “Sito, padre”, seguro que lo conoce muchísima clientela. Lo primero en este caso es referirme a la situación tan extraña que nos está trayendo la pandemia y aún establecimiento como este que ha permanecido abierto durante todos estos días por vender artículos de primera necesidad. Deseo saber cómo están viviendo estos tiempos. “aquí estoy rodeado de papeles. Los papeles hay que arreglarlos y a lo que comentas de que no hay ordenadores, te respondo que yo 52 años llevo trabajando con la cabeza a mí los ordenadores no me gustan. Tenerlos los tenemos, claro que sí. Pero yo los uso poco. En cuanto a esta situación que estamos viviendo, como dices no hemos cerrado en todo este tiempo por vender artículos de primera necesidad. Lejías, limpiadores y desinfectantes para mesas y sillas, mascarillas, todo productos que se consideran necesarios. Pero me da mucha pena que las demás tiendas hayan tenido que cerrar. Entiendo que ha sido una medida necesaria aunque no totalmente justa. Una pena ver las calles como están, prácticamente desiertas y como si se tratase de una ciudad fantasma”.

Tengo que reconocerle que no solo venden, sino que me consta, por propia experiencia personal que ellos y otros muchos comerciantes pequeños, asesoran y cuidan al cliente. “ es que el comercio minorista se caracteriza por aconsejar bien al cliente. Guardo todos mis respetos a las grandes superficies, pero tú vas allí y nadie te atiende. Tienes que coger las cosas. Y más si hablamos de productos particulares y concretos a no ser que sea algo que conozcas bien. Nuestra función, precisamente es aconsejar al cliente de lo que se tiene o no, que llevar. Entonces el hecho en sí es que nosotros despachamos productos esenciales y el público no puede ni debe quedarse sin ellos. tenemos mucho sentido de la responsabilidad. Además ahora también, responsabilidad social. Los clientes saben que deben hacer cola en la puerta. Hay un cupo determinado de gente que debe estar dentro. Por eso vamos indicando que entren unos y salgan otros. Lo llevamos muy a rajatabla. Es lamentable pero tiene que ser así”.

Cabezudo es un lugar en el que se respira ambiente familiar. No hace falta ver para escuchar como se hablan los dependientes entre ellos. Es un negocio familiar por antonomasia. Particularmente cuando llego hoy me doy cuenta de que nada ha cambiado de quien continúa siendo una familia unida y así me lo ratifica el ”alma pater”. “ pues mira, Susana, haciendo historia de negocio, yo abrí en el año 69. Lo hice en el casco antiguo, en la calle Soto Mancera. Teniendo en cuenta la situación en que por aquellas fechas, se estaba convirtiendo el Casco Antiguo, decido venirme más hacia esta zona. Concretamente en el año 95, abrí este nuevo negocio. Mis hijos ya eran mayores. Habían terminado las carreras y comenzaron a trabajar aquí. Al final no se han querido ir con lo cual, tengo aquí a mis tres hijos dentro del negocio. Ellos son unas maravillosas personas, trabajadores al máximo y ahora lo noto mucho más por esta nueva situación. Ellos hacen aquí horas y horas. A veces les digo que les voy a tener que poner una cama dentro de la droguería. Mucha gente comenta que el trabajo y la familia, mejor no mezclar… Por supuesto la confianza también nos hace tener desavenencias… en cualquier empresa que tenga trabajadores aparecen también diversidad de opiniones. Yo intento asesorarles, por mi conocimiento de muchos años. Pero ellos son más jóvenes y a veces tienen unas ideas diferentes que también hay que respetarlas Y tenerlas en cuenta, por supuesto”.
Justo detrás de mi invitado, hay una pared en la que, aunque no contrastan demasiado, creo percibir cuadros, fotos, no sé exactamente de qué se trata.

Me gustaría que me describieras la estancia donde nos encontramos. Todo el mundo entra a la droguería pero ahora, me siento un poco privilegiada por estar en un lugar que solo conocen los amigos y la familia. Y efectivamente, una vez más sale a relucir la unión entre los miembros de este clan, los Cabezudo. “Pues si Susana, lo que realmente ve la gente son todos nuestros productos que no solamente consisten en lo relacionado con la droguería, sino de manualidades, carpintería, ebanistería, muchísimos productos. Pero aquí, detrás mía, fundamentalmente tengo fotos de mis hijos, de mi familia paterna, algunos premios que nos entregaron, cuando fui vicepresidente y creador fundador de la asociación de vecinos del casco antiguo de Badajoz y ahora los tengo aquí en forma de recuerdos, placas y medallas. Alguna foto de fiestas de empresa, fotografías de diplomas y títulos de mis hijos, de los que me siento muy orgulloso, Claro que sí…”.

Quiero pararme en esa decisión histórica de la que formo parte Ildefonso. La fundación de lo que fue la primera asociación de vecinos del casco antiguo de Badajoz. Quiero que me cuente cómo fueron aquellos años y aquella etapa primera en la que varios vecinos se juntaron para hacer fuerza. “ pues comenzamos un grupo de amigos entre los que se encontraban los hermanos Tavares o José Muñoz que fue presidente durante un tiempo. En fin cuatro o cinco amigos creamos la asociación para tratar de identificarnos y dar fuerza al barrio. En aquella fecha la gente ya comenzaba a pensar en marcharse. Aquello empezaba a ponerse de una manera imposible queríamos tratar de mejorar las posibilidades del lugar donde vivíamos. Llegó un momento que la gente comenzó a abandonar y aquello se despobló. Los vecinos de Badajoz dejaron de subir tanto a aquella zona y los negocios importantes comenzaron a decaer. Cuando yo abrí todavía vivía mucha gente por la plaza alta, la calle zapatería y demás. Pero después todo eso cambió. Recuerdo la calle San Juan, una calle principal de Badajoz cómo se vino abajo a consecuencia de todo esto. A partir de ahí, pensé en la calle Menacho que comenzaba a resurgir y convertirse en una zona puntera. Compré el edificio que había aquí antiguo, lo tiré, hice la obra y los pisos. A partir de ahí, metí a mis hijos conmigo y aquí estamos”.
Finalmente, antes de concluir, le comento algo que pido a aquellos históricos como él. Una reflexión sobre el casco antiguo que vivió antaño, el casco antiguo de ahora y sus diferencias. “ pienso que ahora se están haciendo muchas cosas por allí se está rehabilitando mucha vivienda. En aquellos momentos, sin embargo se quedó totalmente desierto. Empezaron a ocupar las casas gente que, aunque merece todo mi respeto, si se va a otra forma distinta de vida. Y el que más y el que menos se iba desplazando de allí. Ahora, parece ser que otra vez sobre todo por la zona del Campillo y toda la hostelería de la plaza alta, la gente va subiendo con más tranquilidad y nuestra Alcazaba se está rehabilitando. Ha mejorado muchísimo aunque lo que falta, a mi parecer, son vecinos que vivan allí crean de verdad en las posibilidades de nuestro centro”.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Antonio Ramirez dice:

    Ese señor tenia a sus vecinos sin poder contratar fibra optica porque el cable pasaba por su tienda. Poco ciudadano y mal vecino es cuando a un vecino de un edificio le corto el cable y le dejo sin internet. Afortunadamente gracias a los vecinos y a Telefonica se instalo una caja en otro edificio y ya no le necesitamos ni a el ni su tienda, en la que nadie de la calle compra por su poca solidaridad con el resto

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.