“Cada Punto de Vista” – Ignacio Gragera, Primer Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Badajoz

“La historia del Casco Antiguo es una historia de altibajos. Cuando era niño todavía en los ochenta había mucha vida. Mis padres me hablaban de que San Andrés tenía mucho movimiento. Luego comenzó a deteriorarse todo hasta llegar al desastre absoluto. Actualmente, creo que estamos viviendo la regeneración de la zona aunque queda mucho por hacer. Hay que pensar que el latir del Casco es el latir de Badajoz y todo el mundo lo siente como algo propio puesto que es el origen de la ciudad”.

La llamada telefónica que acabo de mantener hace, tan solo unos días, con el futuro Alcalde de la ciudad en la que vivo y cómo se ha desarrollado me hace pensar, mientras camino ya hacia el Barrio Alto para encontrarme con él, sobre esa cuestión que se repite en tantas ocasiones. Tú te identificas como Susana Mangut, una periodista con baja visión por aquello de que el invitado sepa que debe ser él quien te localice y demás y la persona, en este caso Ignacio, te dice que ya te conoce que no te preocupes que sabe quien eres y que estará pendiente y te llamará la atención cuando te encuentre en el lugar indicado. La verdad es que lo hablo muchas veces en el entorno de personas ciegas o deficientes visuales, como yo, pero también con personas con otras discapacidades y todos coincidimos en que nos conoce más gente de lo que pensamos. Muchas veces cuando camino por la calle y paso junto a un corro de convecinos que están charlando sobre algo, noto que se hace el silencio cuando voy acercándome y una vez me alejo de su lado, la conversación se vuelve a encauzar, pero precedida de ciertos susurros que no he llegado a entender. ¿Tendremos el poder de reiniciar conversaciones?, me digo en modo irónico a mí misma. Y sobre todo, ¿tendremos el poder de activar el modo murmullo en los viandantes, como ocurre con los altavoces inteligentes?. No sé si debo pedir disculpas por empezar así, de esta guisa tan… digamos, poco habitual en mí. Pero, señores y señoras, por favor, menos admiración y más normalización. Sí, porque resulta muy curioso cuando, por ejemplo, camino con más cuidado de lo normal por lugares que no controlo o en los que me encuentro obras o barreras y oigo a mis espaldas una voz que dice: “mírala, lo bien que se maneja y eso que ve muy poco”. Y digo yo, en vez de aplaudir mi intrépida hazaña siendo espectador de la misma, ¿qué tal si me ayudas y formas parte del rodaje de la peli?. Pues así con un montón de situaciones: en la compra,  cuando leo algo con el móvil, en el cole cuando voy a por los niños, en espacios administrativos o bancos, cuando por fin encuentro la ventanilla o la sección que busco, etc. Por fortuna estas anécdotas son sólo eso, anécdotas que aparecen en algunos momentos de mi cotidianeidad y que forman parte de eso mismo, de la rutina. Pero en gran parte de las situaciones, las cosas se resuelven con la ayuda y la empatía de la gente y el empeño de ambas partes de que todo salga bien.

Total que como Ignacio Grajera ya me conocía pues ningún problema para localizarme y nada más entrar en la Plaza de España, mientras caminaba, a mi izquierda y sin que supongo, sirva de precedente, escuché su voz indicándome que estaba allí. Bromeo y le digo, ante la pregunta suya de si prefiero sol o sombra para tomar un café en el velador, que como él, ni para un lado ni para otro, mejor entre los dos. Ambos reímos y tomamos asiento para comenzar una charla en la que, no sé si el resto de ciudadanos de Badajoz, pero yo espero conocer más, en lo personal y biográfico, a este “ciudadano” joven, pelirrojo y que no llega a los cuarenta y resulta que, en tan solo unos meses, va a ser mi Alcalde.

De eso hablaremos luego. Ahora como siempre toca preguntar por ese autorretrato que, como he dicho, en mi caso, es todo un lienzo en blanco  porque no conozco prácticamente nada de la vida no pública de Ignacio quien, desde el primer momento, se ha mostrado afable y cercano. Comienza dándome las gracias por haber contado con él para estas crónicas que, asegura seguir desde hace tiempo y por las pistas que me da, compruebo que no es un farol y que es cierto que lee y escucha por aquí.  Al Primer Teniente de Alcalde empiezo hablándole de la pereza que nos produce a los “ciudadanos”, río irónica, de la calle hablar de y con la clase política en los tiempos que corren. Ignacio reconoce que sea así y vamos al grano con su autorretrato porque la foto se la haré, seguro en San Andrés.

“Ignacio Grajera es un pacense de 38 años que estudió Derecho en Salamanca. Nací y crecí en Badajoz donde sigo vinculado activamente y donde he creado mi familia. Me gusta el deporte y practico rugbi, principalmente en la Granadilla. De pequeño jugué al futbol pero no era excesivamente bueno y cambié a esta disciplina tan social y con tantos valores que hacen que se comparta tanto, no solo con tu equipo, sino con el rival”. Se me ocurre entonces que tengo delante a un líder de ese partido que muchos tildan como descafeinado. Como si estuviese formado por personas que no acaban de mojarse, hablando mal, vamos. Y le digo que el rugbi y su filosofía bien  podría extrapolarse a la política a ver si cambiaban un poquito las cosas. “Pues mira Susana, este es un deporte en el que solo se puede avanzar pasando hacia atrás así que la solidaridad resulta absoluta. El deporte en general a la sociedad nos puede y nos debe dar lecciones y los valores del deporte serían necesarios en la política. El esfuerzo colectivo, la disciplina, el respeto, todo eso hace equipo”. Sin embargo a mí, tal y como le hago ver a Ignacio, la política, hoy por hoy,  me suena a individualismo y del malo. “Nosotros no dejamos de ser también ciudadanos y en el Ayuntamiento lo sabemos porque es la administración más cercana al vecino. No tiene nada que ver la actividad municipal a la nacional y a esos movimientos de sillón. Aquí priman los problemas de los pacenses y afortunadamente, este es otro escenario más cotidiano. A veces se han conseguido grandes acuerdos de todas las fuerzas políticas en el consistorio,  como por ejemplo el del Plan de Impulso que se aprobó este pasado verano. Aquí hay que olvidarse de lo que sucede en otros territorios y centrarnos en el beneficio del conjunto de los vecinos olvidando esas guerrillas partidistas y alcanzando el bien común sin que se produzcan enfrentamientos ni regates cortos y conociendo las necesidades de Badajoz y de Extremadura. El rascar rédito político,  yo no lo concibo así que ahí, a mí que no me  busquen porque no me van a encontrar”.

EL paso de la teoría a la práctica, ese “puedo prometer y prometo” de Suarez, se me viene a la cabeza para pensar en voz alta junto a Grajera sobre que, una cosa es hablar y otra pasar a la acción. Más que nada, porque en junio será Alcalde de la ciudad. “Se trata de una situación que vivo con naturalidad sabiendo que es algo novedoso en Badajoz pero hay que vivirlo bien. Llevamos dos años trabajando mucho en el Ayuntamiento y en junio pues tendré una gran oportunidad y será un motivo de orgullo. Un sueño hecho realidad y seguiré al servicio de mi ciudad como un pacense más”.

Un pacense más que, por cierto, nació y se crio en el propio Barrio Alto. Concretamente en Ronda del Pilar. “Mi padre nació en pleno Casco Antiguo y yo viví al lado del Baluarte de Trinidad. Llevo toda la vida en Badajoz. Bautizado en San Andrés y jugando  mucho de niño en el Parque de la Legión”.

Desde aquellos juegos hasta ahora que Grajera va a ocupar el sillón de Primer Edil, quiero saber su particular cronología de ese Casco Antiguo que ahora no es el que fue. “La historia del Casco Antiguo es una historia de altibajos. Cuando era niño todavía en los ochenta había mucha vida. Mis padres me hablaban de que San Andrés tenía mucho movimiento. Luego comenzó a deteriorarse todo hasta llegar al desastre absoluto. Actualmente, creo que estamos viviendo la regeneración de la zona aunque queda mucho por hacer. Hay que pensar que el latir del Casco es el latir de Badajoz y todo el mundo lo siente como algo propio puesto que es el origen de la ciudad. En los próximos años vamos a vivir muchas cosas buenas. Ahí está la licitación del Convento de San Agustín que creará un potente foco de cultura junto con otros proyectos como el de la Galera o la propia Fundación CB. Pero sin duda, creo que el proyecto estrella será la recuperación de la zona del Campillo que tanto tiempo llevamos esperando. Lo que más ilusión me hace y me da más responsabilidad es ver como, pese a todo, hay gente que arriesga y apuesta por vivir o dinamizar este Barrio Alto que esperemos nos dé mucho y bueno a todos los ciudadanos de Badajoz”.

 

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