“Cada Punto de Vista” – Antonio Martínez Rastrojo, copropietario de la pastelería “La Cubana”

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“Pienso que hay que apoyar de una manera real al Casco Antiguo sin dejar de llevar a cabo diferentes iniciativas que posibiliten mantener todos los negocios abiertos, porque el centro es un sector servicios: si falta ese aspecto, si no hay restauración ni hay comercio, ¿a qué va a venir la gente al centro?”

Ese perfume que nos recuerda a un familiar con el que hace mucho que no hablamos, por ejemplo. Seguro que alguna vez nos ha sucedido que caminamos por la calle y al pasar cerca de otro viandante y cruzarnos con él o ella en la misma acera, su olor nos ha recordado esa situación u otra parecida. Los olores, a colonia, a flores, a quemado o a comida. Las calles también están repletas de ellos lo que sucede es que cómo no los vemos, a veces no los tenemos tan en cuenta. O puede ser que sí. Eso ya irá en cada persona. Yo, por mi condición de persona con baja visión y también porque me  considero observadora en cuestiones de olores, dejo que me hablen, que me hagan sentir y que me ofrezcan su mensaje en forma de recuerdo, bueno o malo, según toque porque de todo hay. Nuestra vida está muy relacionada con los olores y hoy voy buscando uno concreto que tengo ya memorizado en la pituitaria o donde corresponda. El olor a pastelería de la Cubana. Me da mucha rabia que mediante estas líneas o el sonido de la entrevista en el podcast, no pueda transmitirlo a cada uno. En esas vengo pensando mientras camino con cita previa porque, por fortuna, así ha tenido que ser ya que he intentado, en varias ocasiones entrevistar a alguno de los Martínez pero me ha resultado imposible porque había cola en la puerta y andaban muy apurados. Pero por fin lo hemos logrado y ya me están esperando. Ya que voy, no saldré de allí sin unos bollitos de leche, que no todo va a ser hacer crónicas y entrevistas, digo yo.

Antonio Martínez Rastrojo es uno de los propietarios de la Cubana y sale de detrás del mostrador para atenderme, diligente, nada más ve que entro  por la puerta. Ambos convenimos que, lo mejor es hacer la entrevista ahí mismo, de pie, a un lado de la estancia porque, como resalto, me gusta llevar la esencia en estas entrevistas tan particulares y quiero hacer sentir como si estuviese allí con nosotros,  al oyente y al lector. Mi único pesar reside en no poder transmitir el olor magnífico, para quien le guste el dulce, claro, que sale del horno en esos momentos y que envuelve toda la calle. Sin embargo, me encanta que, como telón de fondo, se escuche el ir y venir de los clientes y el “trastear” de allá para acá de los empleados que no paran en ningún momento y pese a que ahora mismo no hay cola en la puerta, como ha sucedido en otras ocasiones en las que hemos estado por aquí, es cierto que el goteo de gente permanece constante.

“Susana, es que tiene que oler bien porque el obrador lo tenemos aquí a unos metros y las cosas se fabrican y se sacan a la tienda al momento”, me aclara Antonio mientras que nos acomodamos para no estorbar delante de la puerta del establecimiento. Desde luego la bollería industrial no me huele igual, le digo y él me explica el motivo:  “claro, porque esos productos vienen envasados y  el olor lo pierden totalmente. Aquí es diferente. En cuanto se abre el horno, el olor sale directamente. Además se trata de alimentos artesanales y hechos aquí de forma casera”.

Hablaremos luego del negocio más que centenario que se encarga de seguir haciéndonos la boca agua, tanto a vecinos de la ciudad, como a turistas que quedan prendados de sus piononos o sus bollos de leche. Pero ahora, como siempre y lo primero, el autorretrato de Antonio Martínez relatado por él mismo. “Soy hijo de pastelero. De hecho estoy aquí porque mi padre trabajó en la Cubana desde el año cuarenta y cinco hasta que se jubiló. A partir del ochenta y cinco, cuando el cabeza de familia se retira, comenzamos los hermanos a trabajar y remontar el negocio. Seguimos intentando no perder la tradición. Ese es nuestro principal objetivo desde  que mi padre compró la pastelería a otra familia que la regentaba antes. Nosotros somos, pues la segunda generación desde mi padre y en total la Cubana existe desde hace ciento treinta y un años. El negocio se abrió un 11 de marzo, concretamente”.

La Cubana, al igual que otros que hemos ido conociendo en nuestros particulares “puntos de vista”, es también un negocio familiar y eso se nota. Resulta entrañable y así se lo transmito  a Antonio cuando rememoro que muchos de los que han pasado por estas entrevistas aseguran recordar parte de su niñez más entrañable cuando les compraban sus padres o abuelos esos bollos de leche y esas tartas tan “de la Cubana”. “Me contó  mi padre que  entró aquí de aprendiz, con tan solo trece años. Después se hizo oficial de tercera. Fue subiendo en el escalafón hasta convertirse en maestro del obrador y la entonces dueña, le dijo que si no se quedaba él con la pastelería, la cerraba, ya que no quería que, por nada  del mundo, desapareciera la tradicional dulcería. Mi padre aceptó y así comenzó todo. . Cuando nosotros entramos aquí aún se usaba el horno de leña, que ya tuvimos que quitar porque no nos resultaba rentable. Durante todo este tiempo se han llevado a cabo distintas reformas, como la del patio que ya no existe, o el suelo, que se ha cambiado,  pero la esencia de la Cubana sigue siendo la misma. Hay cosas nuevas que van saliendo pero lo tradicional convive con las novedades y la cosa así va bien”.

Pero el público que acude, tanto el cliente tradicional como aquel que va por alguna referencia o en un  día especial, no solo vive en el Casco Antiguo, sino en casi cualquier parte de la ciudad. Así lo confirma Antonio Martínez, que recalca orgulloso que, por supuesto, la Cubana es la Cubana. “Vienen de todos los barrios de Badajoz. La gente nos conoce y sabe que somos una pastelería centenaria. Hemos tenido clientes a los que hemos atendido con sus hijos y ahora esos hijos vienen con los suyos también a comprar. Vamos, que estamos atendiendo ya a una tercera generación. Ahora, nuestro producto estrella es, sin duda, la tarta de yema porque no hay ningún otro sitio donde se haga en Badajoz. Se trata de una auténtica especialidad nuestra y no la hay en ningún otro lugar”.

Hemos hablado de la clientela y de cómo, pese a los años, sigue siendo fiel. Sin embargo, seguro que hay muchos aspectos del negocio que han tenido que cambiar con el tiempo. “Nuestro negocio ha sido eco del paso de los años y sus consecuencias. EN la década de los noventa esto estaba muerto, prácticamente. Luego, del total abandono se pasó a una época más rehabilitada y estuvo muy bien algunos años pero ahora ha vuelto de nuevo hacia atrás. Desde que nos asola esta pandemia, más todavía; estamos viendo como cierran muchos negocios de todo tipo y desafortunadamente, la situación se está haciendo notar en el Casco Antiguo”.

Lo que sí es una realidad es que hay otros lugares emblemáticos como la Cubana, precisamente, que han sabido resguardarse bajo el paraguas y sobrevivir a todas las tempestades. Quiero reflexionar sobre el por qué Antonio Martínez cree que sucede esto. “Nuestra pastelería funciona, gracias a Dios. Eso es verdad. Las cosas no están como para tirar cohetes, pero ahí vamos sobreviviendo para sacar gastos y pagos que es lo que queremos. Con que tengamos un sueldo que nos mantenga, nosotros nos conformamos. Con mantener un trabajo nos sobra”. Sobre todo, esta última frase me ha sonado a humildad y sinceridad de la más pura. Me pregunto cuántas horas echarán cada día aquí. Cómo se organizan desde dentro, aquel que gestione papeles o que pase horas en el horno, hasta aquí fuera, los que atienden al público y cobran y demás. “Nosotros, todos hacemos de todo. Lo mismo estamos aquí tras el mostrador despachando, que realizando gestiones de banco o gestoría. Sí es cierto que mi hermano está más especializado en el obrador, otro de ellos pasa más tiempo aquí frente al mostrador y yo me dedico más a las gestiones y trámites”.

Abrimos la puerta virtual hacia un futuro para saber cómo quiere imaginarlo Antonio Martínez y además aprovecho para preguntarle por las inquietudes y necesidades de aquellos entre los que se incluye la familia Martínez, que luchan como gatos panza arriba para mantener a flote el Barrio Alto. “Pienso que hay que apoyar de una manera real al Casco Antiguo sin dejar de llevar a cabo diferentes iniciativas que posibiliten mantener todos los negocios abiertos, porque el centro es un sector servicios: si falta ese aspecto, si no hay restauración ni hay comercio, ¿a qué va a venir la gente al centro?. Esta es la razón por la que pienso que todas las instituciones deben apoyar en las ciudades a sus cascos antiguos que representan el latir y la historia de cada localidad y así debería suceder en Badajoz. Yo lo he pensado muchas veces: desaparece la Cubana de la Soledad y el Casco se muere”.

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