“Cada Punto de Vista” – Aroa Otero, propietaria del establecimiento “Placeres Badajoz”

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“Estoy aquí en el Casco Antiguo porque mi marido es el propietario de la ferretería de Santo Domingo. Es una persona que no solo despacha su negocio, sino que se implica con la gente y a mí me pasa igual. Entonces un día decido poner al alcance de todo el mundo que vive en esta zona todo esto que yo conozco y de lo que yo disfruto. Vender sexualidad, erotismo, sentidos y placer. En definitiva, productos que nos hagan disfrutar que ya bastantes cosas malas tenemos y llevarlo a cabo, sobre todo, con mucha cercanía”.

Hasta la calle Santo Domingo, suelo llegar sin ningún tipo de problema, siempre que no aparezcan en mi camino obstáculos de los que yo llamo “improvisados”; es decir, aquellos que hoy están y mañana no o, lo que es peor, están, pero en otro sitio diferente a donde lo memoricé la primera vez que pasé por allí. Pero, por fortuna, voy andando segura porque no me encuentro nada raro, aunque voy buscando un local concreto que no sé exactamente dónde se sitúa. En la página de Facebook de “Placeres Badajoz” sí que me he dado cuenta que el escaparate es todo de un mismo color y eso ayuda mucho en mi caso. Busco una fachada de color rosa pero no doy con ella así que aplico el “plan B”. Entro en Cabezudo, un lugar que tengo perfectamente localizado y pregunto allí por la tienda. Enseguida me indican que debo seguir más hacia abajo y no solo eso, como siempre sucede en el Barrio Alto, aquí todo el mundo se conoce, se ayuda y está conectado. Me dan el nombre de la propietaria y me explican que es la mujer del que regenta la ferretería que está justo en frente. Total que con todas esas referencias, ya no tengo pérdida. Unos metros más abajo encuentro una gran mancha rosa en la pared de mi derecha, lo que en realidad es el escaparate de “Placeres Badajoz” y justo en ese momento, Aroa está entrando en la tienda donde se encontraba otra compañera empleada. Ambas me reciben y me presento para comenzar nuestra charla y recabar otro de los particulares “puntos de vista”, en este caso, muy rosa.

Tan solo hay un minúsculo escalón en la puerta que me indica Aroa y que a penas se nota. Mientras entro en el pequeño pero luminoso local que parece de paredes de algodón de azúcar, pienso en que por esa puerta tan estrecha igual no cabe una silla de ruedas, aunque sí se podría salvar el pequeño peldaño y tal vez también es posible abrir la otra hoja de la puerta. Me pregunto si habrán pensado en la forma de atender y de que puedan entrar en el local de los sentidos y del placer, personas con discapacidad. En este caso, no percibo una idea que se repite y que me llama la atención y es la de por qué a las personas con algún tipo de discapacidad se las considera asexuados, como una especie de angelitos alejados de ciertas prácticas o ciertos comportamientos que, dicho sea de paso, son propios de todas las personas. Pero, reitero, que aunque en mi conversación con Aroa, no se da el caso, ni mucho menos, sí que me viene a la cabeza este absurdo planteamiento que he podido comprobar en más de una y de dos ocasiones en la época en que vivimos. Aunque resulte increíble, es absolutamente cierto que hay gente que piensa de esa manera tan retrógrada.

Aroa me hace una intensa y extensa visita guiada por los diferentes productos de la tienda porque, como le comento, para las personas con baja visión, lo que viene metido en una caja, por mucho dibujo y texto descriptivo que tenga, no nos sirve de nada. Este local tan rosa y que busca que encontremos el placer y activemos los sentidos, se me antoja un tanto innovador por algunas de las cosas que me muestra Aroa, pero también por la forma en que lo lleva y las actividades futuras que quiere plantear. Pero como siempre, lo primero es conocerla y que se haga la foto sonora. ¿Quién es Aroa Otero?. “Soy la propietaria de este establecimiento. Me quiero definir como alguien que pretende echarle un pulso a la vida y a la gente sobre el concepto de sexualidad. Desde “Placeres Badajoz” me dispongo a despertar los sentidos. NO se trata de quedarse solo con lo que la gente conoce, sino de ampliar miras, hacer de ello algo bonito, conocer y descubrir posibilidades, etc. Estoy aquí en el Casco Antiguo porque mi marido es el propietario de la ferretería de Santo Domingo. Es una persona que no solo despacha su negocio, sino que se implica con la gente y a mí me pasa igual. Entonces un día decido poner al alcance de todo el mundo que vive en esta zona todo esto que yo conozco y de lo que yo disfruto. Vender sexualidad, erotismo, sentidos y placer. En definitiva, productos que nos hagan disfrutar que ya bastantes cosas malas tenemos y llevarlo a cabo, sobre todo, con mucha cercanía”.

Me intereso por saber el motivo real por el que Aroa, con el negocio que ha decidido poner en marcha, se ha querido quedar en el Casco y no se ha planteado marcharse a otra barriada, ya que puede pensarse que en el centro vive más bien gente mayor que, tal vez y debido una vez más a las etiquetas que ponemos, no utilicen tanto este tipo de productos. “Me he quedado aquí porque creo en la zona. Pienso que todavía tenemos que seguir fomentando el estar dentro del corazón de la ciudad. Tenemos una ciudad muy bonita y la gente no lo valora lo suficiente. Debemos pasear por el centro, comprar en su pequeño comercio y así las calles recuperarían la vida que nunca debieron perder. Por eso, me vaya bien o mal, me quedo aquí y apuesto por esta zona, por el comercio del Casco Antiguo y por apoyar a esta causa. Lo hago porque creo y confío en la gente y en el concepto de que, entre todos, podemos mantener vivo el barrio”.

La tienda lleva poco más de dos meses abierta y su propietaria, no solo se ha lanzado a la aventura con la que está cayendo, sino que además, lo ha hecho innovando, al menos en el barrio, con un negocio de características muy singulares. “Realmente, mi idea siempre ha sido la de dar servicio a mi público y ahora he querido ir más allá y ofrecer la posibilidad de que se pasen por aquí y conozcan estos productos de una manera íntima y cómoda . Se trata de estar al alcance de la mano de cualquiera que desee hacer o hacerse un regalo, un juguete, un placer … sé que es una apuesta dura pero yo soy muy valiente y tengo muchas esperanzas en la gente del Casco Antiguo, así es que intentaré, por lo menos, vivir de lo que es mi pasión. Habrá que asumir riesgos”.

En relación a los productos de este establecimiento, quiero saber cómo se está comportando la gente del Casco a la que tanto alude Aroa y si visitan y compran en “Placeres Badajoz”. “Es verdad que en el centro se ve mucha afluencia de gente mayor, pero por suerte, cada vez viene más gente joven. En cualquier caso, los mayores, por el hecho de serlo, no tienen por qué dejar de entrar, conocer y consumir productos de los que yo ofrezco. Es más, tengo que decir, que tal vez para sorpresa de algunos, aquí viene mucha gente mayor que se muestra muy agradecida y que llega con las cosas bien claras a la tienda, lo cual me encanta. Aquí en el Barrio Alto, la gente es cariñosa y fiel y eso es maravilloso. Yo tengo la suerte de que me conozcan por la ferretería de mi marido David y es genial. Eso me hace tener una puertilla medio abierta para que no les dé tanto pudor el pasar por aquí. Busco, eso sí, la discreción, y que nadie se sienta ofendido o avergonzado, ni mucho menos. Por eso la fachada, aunque es muy rosa, no tiene posibilidad de que se vea desde fuera. No quiero resultar obscena, ni mucho menos, sino partir desde la elegancia y desde el respeto a lo que cada uno desee. No quiero imágenes escandalosas porque hay mucha gente mayor y también muchos niños en el Casco y yo soy madre y sé que existen cosas que se deben explicar a su debido tiempo”.
Aroa se muestra en todo momento segura, convencida y positiva con un negocio que, aunque ahora esté en tienda, ella lleva mucho tiempo atendiendo. “De hecho, he pensado en facilitar la visita al local, por ejemplo, posibilitando una hora de aparcamiento a mis clientes. Quien venga a verme, pues por cortesía, por premiar su esfuerzo, tendrá una hora que pago yo y además, si sé que han estacionado ya en el parking pues cuando llegan les comento que les proporciono este tiempo de estacionamiento que además, aprovechan para ir también a otros comercios del barrio”.

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