“Cada Punto de Vista” – Alba Sánchez, propietaria y chef en “La Rebanada de Pan Frito”

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“El Casco siempre permanece, nunca pasa de moda y todos somos responsables de alguna manera de darle esa vida, porque cuanta más vida tenga, más gente vendrá. Lo que no nos gusta de esta zona es que sigue un poco descuidada.  Yo voy al Ayuntamiento, hago escritos, hablo con gente de aquí para que estemos unidos, etc. Espero que en esta plaza pasen cosas, no solo con nuestra apertura, sino por ejemplo, la Iglesia de Santa Catalina, que se ha reformado a la vez que nosotros”.

Me encuentro en medio de la calle Montesinos porque no sé exactamente a qué altura está el lugar a donde voy esta vez: “La Rebanada de Pan Frito” y me pregunto si seguir hacia un lado o hacia el otro. No es una calle que frecuente mucho y camino temerosa porque parece que veo unas escaleras y una rampa. Justo antes de llegar a ellas, me cruzo con un joven que lleva un perro y le pregunto si sabe dónde está el restaurante. “No, no soy de aquí”, me dice y prosigue su marcha. Pero justo tras él, un hombre que hace sonar sus monedas en el bolsillo mientras se acerca, me dice que voy bien y que debo seguir hacia adelante y subir para cruzar la plaza y la primera puerta a la derecha, esa es. Así lo hago y reflexiono mientras,  sobre la buena voluntad y la empatía de las personas que encuentro siempre en mis andanzas por la calle. Hay gente que va con prisa, no tiene ganas o simplemente no sabe ayudar o no quiere, de todo hay. Pero siempre se encuentra a otros que sí que se afanan por cumplir con la función de buen samaritano y menos mal…En cualquier caso, para este tipo de momentos, las personas ciegas o con baja visión contamos con varias aplicaciones que pueden instalarse en el teléfono móvil; una de ellas, por ejemplo, se denomina “Blindsquare” y transforma la panorámica del recorrido en una gran esfera de un reloj en el que, según las horas que te marque y los metros, debes caminar hacia uno u otro lado. Es decir, te indica algo así como “tres metros a las doce en punto”, para avisarte de que debes seguir recto o “seis metros a las nueve en punto”, para recomendarte que hagas un giro a tu izquierda. Por tanto, recursos no nos faltan, pero sin duda el mejor es ese, la empatía y el agrado de un ayudante que además, seguro que luego se siente gratificado por su buena acción y es que, sin duda, no hay mejor regalo que sentirse bien con uno mismo, sabedor de que ha hecho el favor del día a alguien que lo necesitaba.

Sin ninguna dificultad encuentro la rampa, que por cierto, no sé por qué razón, mucha gente las denominan “barreras”, si precisamente, lo que hacen y para lo que se ponen, es para evitarlas. En fin, paréntesis a parte, entro en el restaurante que tiene una pequeña estancia que me recuerda a un zaguán y que encuentro muy iluminada por la luz natural que se cuela por la puerta y una ventanita ovalada en su parte de arriba, según puedo apreciar en la pared. Veo en frente de mi una pequeña barra con sillas altas y el muro, decorado en un color muy claro con algo que se me figura, pueden ser hojas verdes o azuladas, no lo sé bien. A mi derecha, hay un pequeño  mueble blanco que huele muchísimo a nuevo, en realidad juraría que está ahí hace bien poco por lo que me indica el olor. Y en la parte derecha un cartel luminoso, tal vez de neón, que por cierto, me parece maravilloso que ahora se lleven tanto estas decoraciones porque las percibo muy bien y es genial que emitan luz propia, eso siempre me ayuda. No sé muy bien qué es y me propongo pedirle a Alba Sánchez, la chef y propietaria del restaurante, que me lo describa antes de hacerle la entrevista porque sólo alcanzo a ver unas luces en naranja, amarillo o algo así y supongo que estarán relacionadas con el nombre del sitio. La puerta que me queda en frente,  justo es una auténtica boca de lobo para mí. Es como un túnel oscuro porque además, vengo de la calle en una jornada llena de sol y cuando me encuentro con este contraste, no veo absolutamente nada hasta que pasan algunos minutos así es que, ni corta ni perezosa, les pregunto por Alba a unos clientes que están tomando algo en la barra y les comento que no veo bien y que si la pueden localizar ellos mismos o indicarme si hay escalón antes de entrar en el bar. Por suerte,  porque la verdad es que siempre tengo mucha suerte, no solo me ayudan, sino que deben ser familia suya o algo. La conocen y enseguida le comentan. La oigo decir: “ahora mismo estoy contigo, Susana” y solo por el tono y la forma en la que se dirige a mi, desde dentro de la estancia, ya me cae bien. Creo que es una chica abierta, simpática y empática y acierto, como me pasa casi siempre con la gente, que parece que tengo un piloto automático que se me enciende y me lo indica.

Rápidamente, me veo sentada en la barra frente a Alba y a una infusión de lima bien fría que me han traído mientras la esperaba y que me sienta divinamente. Hablamos de lo contenta y lo ilusionada que está y su voz la refrenda en lo que me cuenta. En broma le digo que la gente como ella son unos fantásticos arriesgados que, primero se tiran a la piscina, y por el aire, ya se aseguran o no, de si hay agua dentro. Ambas reímos y me siento a gusto porque Alba sabe transmitir muy bien. Lo primero, el autorretrato que le pido, mientras aprovecho para beber la infusión. “Soy una chica de casi treinta años. De Badajoz a la que le encanta cocinar pero sobre todo, hacer feliz a la gente. Me siento muy segura y contenta haciendo estas dos cosas y ahora, realizada con este proyecto. Comencé hace diez años en el San Fernando, donde estudié el Grado Superior en Dirección de Cocina. Con los estudios no he sido especialmente buena y quería cocinar porque me llamaba mucho la atención, aunque mi familia no me apoyaba, pero yo lo tenía muy claro y de hecho, enseguida me marché a trabajar y formarme en  Mallorca , en un hotel de cinco estrellas y gran lujo donde comenzó mi carrera. He visitado muchas ciudades y países y hace tres años, decidí montar mi propio negocio en el corazón de mi ciudad que es mi casa”.

La hostelería además, le comento que a mi entender, resulta que tiene muchas ramas, puesto que no solo hay que cocinar bien, sino innovar y saber tratar con el público. “Todo es aún más arriesgado, cuando se llega a un lugar donde parece que todo está ya hecho y apuestas por algo diferente. El Casco, por el tema de la noche, las discotecas, conjugado con los bares de toda la vida, las raciones o el mediodía, es un sitio que requiere ganas y constancia. Al final se sale y la cosa va para adelante”.

Al llegar a Badajoz después de esa andadura fuera, qué encuentras para decidirte por no quedarte en grandes ciudades como Madrid, Barcelona, Sevilla, no sé, aprendiendo de la mano de otros chef. ¿Dónde está ese “algo” que te pide quedarte en casa?. “Yo soy muy familiar y necesito estar con los míos. Siempre me ha gustado aprender, conocer e indagar en diferentes cocinas y todo eso. Pero tenía claro que si abría algo sería en mi casa. Para mí es lo mejor y lo más importante”.

¿Cómo será la cocina de Alba?, me pregunto y le pregunto, apostillando que tal y como están las cosas, seguro que es versátil. “Yo la denomino “cocina fusión”, porque es un concepto de tapas para compartir. No se trata de raciones, pero tampoco algo tipo pequeño que se toma con una cerveza. Hago platos para compartir y que también entren por la vista, ya que se ponen en platos de colores y con diseños vistosos, alegres y divertidos. Cada cosa va en diferentes bajillas con distintas formas y no son grandes cantidades, pero tampoco lo mínimo. Es más picoteo, al medio y variado. No tengo ningún plato especial, porque no quiero que este sea el típico sitio que se diga eso de “vamos a comer cabrito a no sé donde”. No, mi dinámica no es esa. A mi me encanta innovar, aquí cambio la carta cada tres meses, trabajo con productos frescos y de temporada, busco y consulto en internet y compro online en Madrid, Sevilla, etc. Eso es lo que quiero que caracterice mi cocina, el ser inquieta y el variar de aquí y de allá”.

Y aquí seguimos, justo al lado del Museo Luis de Morales, en la plaza que alberga casi en el centro, los veladores de esta nueva “Rebanada de Pan Frito” de Alba, la chef inquieta que me anuncia con su incipiente voz que en octubre hay reapertura. “Llevo quince días con este negocio y en octubre tengo pensamiento de volver a abrir el de Martín Cansado. AL final, es mi casa, donde hemos nacido y creo que se merece otra oportunidad y más ahora que ha vuelto la barra. No tiene terraza, pero sí una barra que encantaba. Ahora con el COVID , como se le ha dado tanto bombo a las terrazas, parece que si un sitio no tiene terraza, no vale. Además, por supuesto todo en el Casco porque creo que Badajoz es el propio Barrio Alto. Somos de aquí, de la Alcazaba, de la Muralla…. No solo lo he hecho por mí, porque mi hermano lo tenía claro también y me decía: “Alba, si abres algo, que sea en el Casco Antiguo”.

En voz alta le digo a Alba que lo de dinamizar el Casco y llenarlo de vida es un mérito que, creo que legítimamente, debe reconocérsele en parte a gente como ella. “El Casco siempre permanece, nunca pasa de moda y todos somos responsables de alguna manera de darle esa vida, porque cuanta más vida tenga, más gente vendrá. Lo que no nos gusta de esta zona es que sigue un poco descuidada.  Yo voy al Ayuntamiento, hago escritos, hablo con gente de aquí para que estemos unidos, etc. Espero que en esta plaza pasen cosas, no solo con nuestra apertura, sino por ejemplo, la Iglesia de Santa Catalina, que se ha reformado a la vez que nosotros. Veo futuro y del bueno al Casco Antiguo y a lo que aquí nos espera. Se necesita suerte porque al final la suerte no se busca, se encuentra, pero que nos encuentre trabajando y si es en el Barrio Alto y en Badajoz, pues mejor”.

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